La temporada de incendios forestales en Estados Unidos comenzó con cifras inéditas. En Georgia, las llamas destruyeron más de 120 viviendas; en Nebraska, el Morrill Fire arrasó 642.000 acres y se convirtió en el mayor incendio de la historia del estado; y en California, un foco temprano obligó a evacuar miles de personas en las afueras de Los Ángeles.
Desde enero se han registrado casi 30.000 incendios, la mayor cifra en dos décadas, con más de 2 millones de acres quemados, el doble del promedio de los últimos diez años.
Expertos como Morgan Varner, de Tall Timbers Research Station, advierten que diversos elementos confluyen para un año crítico:
-Sequía prolongada en el sureste y las Grandes Llanuras.
-Baja acumulación de nieve en el oeste, reduciendo la recarga hídrica.
-Vegetación abundante que actúa como combustible.
-Patrones climáticos alterados por el desarrollo de un “súper El Niño”.
-Calor histórico que intensifica las condiciones secas y calurosas.
-Regiones más afectadas
-Georgia: más de 3.000 incendios y 83.000 acres quemados, ocho veces más que en años recientes. El Highway 82 Fire, provocado por un globo que cayó sobre una línea eléctrica, destruyó un récord de viviendas.
-Florida: decenas de miles de acres quemados cerca de Jacksonville y Miami, enviando humo a comunidades poco acostumbradas.
-Nebraska y Grandes Llanuras: el Morrill Fire consumió praderas enteras en menos de un día. Nebraska concentra el 40% de la superficie quemada en el país hasta mayo.
-California y el oeste: incendios tempranos en Santa Rosa, Riverside y Ventura, con más de 17.000 acres afectados y evacuaciones masivas.
Los incendios afectan cada vez más zonas cercanas a áreas pobladas, generando pérdidas humanas y materiales. Además:
-Pérdida de biodiversidad: especies endémicas en riesgo, como las de la isla Santa Rosa.
-Contaminación atmosférica: humo que llega a cientos de millas, afectando ciudades como Atlanta.
-Economía rural: daños en zonas ganaderas y agrícolas, con impacto directo en comunidades locales.
Los incendios se ven agravados por la reducción de quemas controladas, práctica destinada a eliminar vegetación acumulada.
En Florida, la cantidad ejecutada es la más baja en 25 años. Según Varner, “casi todos los estados del sureste están a la mitad de lo que deberían haber hecho”, lo que aumenta el riesgo acumulativo para los próximos años.
El Centro Nacional Interagencial de Incendios prevé que la actividad se mantenga por encima del promedio en California, el suroeste y la Gran Cuenca. Las lluvias de primavera generaron más vegetación que puede servir de combustible, mientras que El Niño podría traer tormentas secas y rayos capaces de iniciar nuevos focos.
Craig Clements, del Centro Interdisciplinario de Investigación sobre Incendios Forestales, advierte: “Lo que preocupa es una ola de calor prolongada seguida de tormentas eléctricas secas”.
La temporada de incendios 2026 en EE.UU. ya es histórica y podría empeorar en los próximos meses. La combinación de sequía, calor extremo y falta de quemas controladas plantea un escenario crítico para comunidades rurales y urbanas.
La gestión preventiva, la adaptación al cambio climático y la inversión en sistemas de alerta temprana serán claves para reducir el impacto de un fenómeno que amenaza con convertirse en uno de los más devastadores de las últimas décadas.
Con información de Noticias Ambientales
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