Uno de los graves problemas que enfrenta la Península de Yucatán son las megagranjas industriales porcícolas que han crecido de manera exponencial y desordenada. Estas megagranjas impactan negativamente los diversos ecosistemas, pero sobre todo el Gran Acuífero Maya, publica Greenpeace México.
La Península de Yucatán alberga uno de los sistemas de agua subterránea más importantes del planeta. Debido a la naturaleza kárstica de su suelo, el agua de lluvia se infiltra rápidamente y circula a través de una extensa red de cenotes, cavernas y ríos subterráneos.
A diferencia de otras regiones del país, la principal fuente de agua para las comunidades proviene directamente del acuífero. Lo que contamina el acuífero termina afectando ecosistemas, biodiversidad, actividades comunitarias y la salud de las personas.
Durante años se ha permitido la expansión acelerada de actividades industriales sobre uno de los sistemas hidrológicos más vulnerables de México.
Una de estas industrias altamente contaminantes, son las megagranjas porcícolas. Las granjas porcícolas industriales emiten malos olores y ruido, además de afectar la calidad del paisaje, es decir, se afecta la armonía y la belleza naturales debido a que disminuye la diversidad de la vegetación por la presencia de infraestructura atípica en la selva.
Pero no solo eso, además generan enormes volúmenes de excretas, aguas residuales y contaminantes que pueden infiltrarse en el suelo kárstico y contaminar cenotes, pozos y cuerpos de agua subterráneos.
La contaminación del acuífero no es un problema local. Es un problema regional que amenaza el agua de consumo humano, la biodiversidad y la capacidad de la Península para enfrentar la crisis climática.
En 2023, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales reconoció públicamente la necesidad de proteger el ciclo hidrológico de la Península de Yucatán frente a los riesgos asociados a la expansión de granjas porcícolas y anunció la construcción de mecanismos de protección para los cenotes y aguas subterráneas.
El Dictamen Diagnóstico Ambiental de la Actividad Porcícola en Yucatán elaborado por la Semarnat y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua identificó municipios con condiciones críticas derivadas de concentraciones elevadas de nitrógeno amoniacal, fósforo y presencia de bacterias asociadas a contaminación fecal.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el agua contaminada puede producir sustancias que aumentan el riesgo de cáncer de estómago, también provocar afecciones respiratorias y el llamado síndrome de los niños azules, una enfermedad en la que la sangre tiene dificultad para transportar oxígeno adecuadamente.
El Anillo de Cenotes en peligro
Se refiere a una de las regiones hidrogeológicas más importantes de México, es una vasta red de cenotes y ríos subterráneos moldeados por las fracturas que dejó el impacto de un meteorito hace 66 millones de años, y cualquier contaminante que ingresa al sistema puede desplazarse a través de esa gran red interconectada de aguas subterráneas.
De las granjas porcícolas identificadas en el estado, 42 se ubican en áreas o sitios de atención prioritaria, como el anillo de cenotes (36 granjas), o en reservas naturales, ya sean estatales, como la Reserva Estatal Biocultural del Puuc (2 granjas), o municipales, como Cuxtal (4 granjas).
No se puede hablar de protección de la Selva Maya sin hablar de protección del Gran Acuífero Maya. La defensa del agua es también defensa de la biodiversidad, del territorio y de la salud de las comunidades. Las comunidades mayas llevan años alertando sobre contaminación del agua, malos olores, proliferación de moscas y afectaciones a su calidad de vida. Sus testimonios merecen ser escuchados, atendidos y conocer cuál es el estado real del agua que consumen.
La Semarnat ya reconoció la vulnerabilidad del Gran Acuífero Maya y los riesgos asociados a las mega granjas industriales. ¡Es momento de actuar con la magnitud que exige la crisis ambiental de la región!
Ahora con las denuncias y movilizaciones respecto a la crisis de agua contaminada en Guadalajara, Jalisco, no podemos hacer oídos sordos ante la inminente crisis hídrica que podría enfrentar Yucatán tal como sucede en Guadalajara.
Tal vez ahora el agua de los grifos de las casas y de la calle en Yucatán no sale color café, con mal olor, con partículas de aceite u otras sustancias. Pero si la falta de supervisión, saneamiento y expansión de las megagranjas continúa, no debería sorprendernos este escenario.
La discusión ya no es únicamente sobre una megagranja, un permiso o un proyecto aislado. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuánto más puede resistir la Península de Yucatán? ¿Cuánto más puede resistir la Selva Maya? ¿Cuánto más puede resistir el Gran Acuífero Maya del que depende el agua para la vida de millones de personas?
Queremos medidas preventivas y de restauración que proteja el Gran Acuífero Maya -expone Greenpeace-. Exigimos que se determinen con claridad los límites ecológicos del territorio y que no se sigan autorizando actividades que comprometan la capacidad de recuperación de los ecosistemas, y una estrategia integral de protección y restauración para la Selva Maya y sus aguas subterráneas.
Con información de Greenpeace México
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