Daniel Madariaga Barrilado: cómo convertir las lluvias de El Niño en una estrategia de seguridad hídrica

Daniel Madariaga Barrilado: cómo convertir las lluvias de El Niño en una estrategia de seguridad hídrica

El agua suele ocupar las conversaciones públicas cuando escasea, pero el cambio climático obliga a considerar también el escenario contrario: qué hacer cuando las lluvias llegan en cantidades extraordinarias y en periodos muy cortos. Ante la posibilidad de que el fenómeno de El Niño altere los patrones de precipitación en distintas regiones de América Latina, surge una oportunidad para replantear la gestión hídrica: aprovechar los periodos de abundancia para prepararse frente a futuras temporadas de sequía.

Para Daniel Madariaga Barrilado, la clave está en desarrollar soluciones que permitan capturar, almacenar e infiltrar el agua de lluvia antes de que se convierta en escurrimiento o contribuya a las inundaciones. Esta perspectiva abre un campo de oportunidades para el emprendimiento hídrico, desde la creación de sistemas de almacenamiento hasta el diseño de infraestructura adaptada a las necesidades de ciudades, comunidades rurales y sectores productivos.

El desafío no consiste únicamente en administrar un volumen mayor de agua, sino en encontrar la manera de conservarla y utilizarla cuando realmente se necesite. En este contexto, la seguridad hídrica requiere una visión que contemple tanto la disponibilidad del recurso como la capacidad de anticiparse a sus fluctuaciones.

Almacenar hoy para responder a la escasez de mañana

El Niño es un fenómeno climático que puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en diferentes partes del mundo. Sus efectos varían según la región, por lo que no implica necesariamente precipitaciones más intensas en todos los territorios. Sin embargo, en los lugares donde aumenta el riesgo de lluvias extraordinarias, contar con mecanismos para gestionar el agua adquiere una importancia particular.

“Una de las cosas más importantes que tenemos que hacer es intentar adaptar el manejo del agua a este ciclo cambiante, en lugar de intentar ir en contra de él”, comenta Daniel Madariaga Barrilado.

Entre las alternativas disponibles se encuentran las cisternas de gran capacidad, los reservorios urbanos y rurales, los depósitos destinados al riego agrícola y los sistemas de captación pluvial. También existen soluciones que favorecen la infiltración controlada para facilitar la recarga de los acuíferos, siempre que las condiciones del suelo y la calidad del agua lo permitan.

No todas estas estrategias requieren grandes obras de infraestructura. Los sistemas descentralizados pueden distribuir la capacidad de almacenamiento entre viviendas, instalaciones industriales, espacios públicos y comunidades, de acuerdo con las características de cada territorio.

En México, donde distintas regiones enfrentan problemas de sequía y disponibilidad irregular de agua, diversificar las opciones de captación puede contribuir a reducir la vulnerabilidad ante periodos prolongados sin lluvias.

De la emergencia a la prevención

Una parte importante del reto consiste en dejar de considerar las precipitaciones intensas únicamente como una emergencia que debe resolverse. Aunque la infraestructura de drenaje y la prevención de inundaciones siguen siendo indispensables, también es posible incorporar mecanismos que permitan aprovechar una parte del recurso.

Una industria, por ejemplo, puede recolectar agua pluvial para determinados usos compatibles con su calidad; una comunidad rural puede desarrollar reservas para actividades agrícolas; y una ciudad puede integrar espacios de retención que ayuden a gestionar los escurrimientos.

Desde la perspectiva de Daniel Madariaga Barrilado, estas alternativas reflejan la necesidad de anticiparse a los extremos climáticos en lugar de actuar únicamente cuando sus consecuencias ya son evidentes.

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