La fuerza de un vínculo ancestral: mujeres y ecosistemas forestales

La fuerza de un vínculo ancestral: mujeres y ecosistemas forestales
La fuerza de un vínculo ancestral: mujeres y ecosistemas forestales

De los ecosistemas forestales depende la disponibilidad de agua, la conservación de las especies y la regulación del clima. Los bosques, las selvas, los matorrales y los manglares, por mencionar algunos, son el sustento de las familias de muchas comunidades al ser la fuente de productos forestales maderables y no maderables.  

En México, publica la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, los ecosistemas forestales representan el 71% del territorio nacional, en los que habitan 11,875,192 de personas, es decir, el 9.42% de la población total. De todas y todos ellos, 3.6 millones de personas (30%) pertenecen a algún pueblo indígena o afromexicano. 

Históricamente, las mujeres han desempeñado un papel fundamental en el cuidado, aprovechamiento y restauración de los recursos forestales y la defensa de los territorios. Además, son guardianas de conocimientos tradicionales asociados al aprovechamiento de la naturaleza, convirtiéndose en protagonistas para la conservación y el desarrollo sostenible de los territorios.  

Desde la recolección de leña, semillas, hongos y plantas medicinales hasta el manejo del agua, los huertos familiares y la conservación de conocimientos tradicionales; las mujeres contribuyen de manera significativa al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y a la reproducción de prácticas que fortalecen la resiliencia de las comunidades. 

Sin embargo, la incorporación de las mujeres a la propiedad social y dentro de las estructuras de gobernanza y toma de decisiones se ve limitada. De acuerdo con datos del Registro Agrario Nacional con corte a 2024, 5.1 millones de personas cuentan, por lo menos, con un certificado parcelario o de uso común vigente.  

De estos, 3.3 millones son personas ejidatarias, 912 mil comuneras; 669.9 mil son personas posesionarias y 219.9 mil son personas avecindadas, de las cuales el 26.4% son mujeres ejidatarias y el 30.1% son mujeres comuneras [1]. 

Persisten brechas y dificultades importantes para acceder a la tenencia de la tierra, así como la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados lo que limita su participación para desarrollar proyectos productivos, gestionar y recibir subsidios [2], participar en los espacios de toma decisiones y fortalecer las economías locales 

De acuerdo con las características demográficas de las localidades forestales, la población económicamente activa está conformada en mayor proporción por hombres (66.5%) que por mujeres (33.4%) [3]. Sin embargo, esta diferencia no significa una menor contribución femenina al desarrollo de las comunidades.  

Por el contrario, ellas realizan gran parte del trabajo doméstico y de cuidados, trabajo no remunerado, que de acuerdo al INEGI representa el 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB) Nacional.  

Actividades relacionadas con el abastecimiento de recursos para el hogar (agua, leña, entre otros) la gestión del agua, la conservación de semillas, la producción y preparación de alimentos para autoconsumo y el cuidado del entorno y cuidado y apoyo de infancias y adultos mayores recaen en las mujeres, lo que las convierte en protagonistas silenciosas de la sostenibilidad territorial y familiar. 

Por ello, desde el sector ambiental del Gobierno de México se ha construido el Programa Nacional Forestal 2026-2030, el cual reconoce que “la política forestal debe construirse de forma incluyente, incorporando a todos los sectores sociales con perspectiva de género, esto reconociendo del papel central de las mujeres en la conservación y gestión de los recursos forestales”; así como la Estrategia Nacional de Género e Inclusión en el sector Forestal 2025-2030.  

La importancia de promover la igualdad sustantiva en la gestión ambiental y el desarrollo rural constituye una cuestión de derechos humanos y justicia ambiental. Reconocemos que sus aportaciones, conocimientos y derechos sobre los territorios y los recursos naturales son esenciales para generar mejores resultados en la gestión de los recursos naturales y en la construcción de estrategias de largo plazo para la conservación más justas, incluyentes y sostenibles. 

La relación entre las mujeres y los ecosistemas forestales es resultado de generaciones de conocimientos, prácticas y experiencias compartidas. En una época marcada por los desafíos ambientales globales, las mujeres son, y seguirán siendo, aliadas indispensables para la construcción de territorios más resilientes y sostenibles. 

TE RECOMENDAMOS LEER: sector-ambiental-trabaja-en-ordenamiento-de-la-actividad-porcicola-en-yucatan

noticias relacionadas