Derrames, explosiones, ecosistemas dañados por falta de mantenimiento y/o negligencia de industrias fósiles, lamentablemente se han convertido en sucesos del día a día en México. Pero ¿por qué siguen ocurriendo, cuáles son sus impactos y cómo podemos detenerlos? Te explicamos, publica Greenpeace México.
Depender del petróleo ¿pero a qué costo?
La energía forma parte de prácticamente todas las actividades de nuestra vida cotidiana: está presente en el transporte, la electricidad, la producción de bienes y muchos de los servicios que utilizamos diariamente.
Pero la manera en que obtenemos esa energía tiene consecuencias importantes para el planeta, gran parte de nuestro modelo energético depende de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, cuya extracción y utilización representan una de las principales causas del cambio climático.
Aunque han sido fundamentales para el funcionamiento de la sociedad actual, su uso genera emisiones contaminantes que afectan al medio ambiente y contribuyen al calentamiento del planeta. Por ello, reducir nuestra dependencia de estos combustibles se ha convertido en uno de los principales retos para enfrentar la crisis climática.
Los efectos negativos de los combustibles fósiles no se limitan a las emisiones producidas durante su combustión. Su extracción, procesamiento y distribución también generan consecuencias ambientales.
Por ejemplo, la perforación petrolera en el fondo marino representa riesgos para la vida oceánica, especialmente cuando ocurren derrames durante las actividades de extracción o el transporte de hidrocarburos.
Las refinerías pueden contaminar el aire y el agua, mientras que los procesos de extracción y procesamiento generan residuos y otras emisiones contaminantes.
¿Por qué seguimos privilegiando el petróleo y los combustibles fósiles si tanto daño han hecho?
El impacto de los combustibles fósiles afecta directamente el clima, los ecosistemas, la salud y la calidad de vida de las personas.
En México, la relación entre energía y cambio climático es especialmente importante debido a la dependencia del modelo energético nacional de petróleo y gas.
Los hechos y la ciencia han demostrado de forma reiterada que los combustibles fósiles no son el camino hacia la soberanía energética.
El reciente desastre ambiental a inicios de año, cuando ocurrió un derrame de petróleo en las costas de Veracruz levantaron las alertas sobre la dirección que sigue la política mexicana y la industria respecto a seguir apostando por energías fósiles, que se ha comprobado con creces el daño ambiental, social, de salud e incluso económico que representa.
Mantengamos los combustibles fósiles bajo tierra. Ya no más extracción e inversión en carbón, petróleo y gas, queremos una transición energética hacia nuevos modelos más sostenibles que reduzcan las emisiones contaminantes.
Con información de Greenpeace
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