La transición hacia fuentes de energía más limpias suele presentarse como uno de los caminos fundamentales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, detrás de algunas tecnologías consideradas esenciales para esta transformación existe un debate ambiental cada vez más complejo: el uso de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS o “sustancias químicas eternas”.
Se trata de una familia de miles de compuestos sintéticos caracterizados por su gran resistencia a la degradación. Esa misma propiedad que los vuelve útiles para determinadas aplicaciones industriales también genera preocupación ambiental, ya que algunos PFAS pueden permanecer durante largos periodos en el entorno y llegar a fuentes de agua potable. Diversos estudios han relacionado la exposición a determinados PFAS con efectos adversos para la salud, entre ellos alteraciones del desarrollo y problemas reproductivos.
El desafío para la transición energética consiste entonces en responder una pregunta difícil: ¿cómo desarrollar tecnologías capaces de combatir el cambio climático sin trasladar el problema hacia otras formas de contaminación?
Las PFAS abarcan una familia muy amplia de sustancias con propiedades diferentes. Algunos de estos compuestos han sido utilizados durante décadas para fabricar materiales resistentes al calor, la corrosión, los rayos ultravioleta y la degradación química. Estas características explican su presencia en numerosos productos industriales, pero también su incorporación a algunas tecnologías relacionadas con la transición energética.
La Unión Europea ha planteado restricciones cada vez más amplias para diferentes tipos de PFAS, incluyendo determinados fluoropolímeros. La propuesta genera una discusión entre autoridades ambientales, científicos y fabricantes, debido a que algunos sectores industriales consideran que estos materiales cumplen funciones para las cuales todavía no existen sustitutos capaces de ofrecer el mismo desempeño.
La industria química sostiene que ciertas aplicaciones de los fluoropolímeros son importantes para sectores estratégicos como la electrónica, los semiconductores y el transporte. Desde esta perspectiva, prohibirlos sin disponer de sustitutos adecuados podría generar dificultades para fabricar determinadas tecnologías necesarias para la descarbonización.
Del otro lado se encuentran organizaciones ambientales que cuestionan que la transición energética pueda utilizar como argumento la necesidad de mantener sustancias potencialmente peligrosas. El planteamiento es que una tecnología no debería considerarse completamente sostenible si durante su fabricación o utilización genera impactos ambientales que permanecen durante décadas o incluso más tiempo.
El debate también adquiere una dimensión económica. La industria química tiene un papel relevante en la economía mundial y sus procesos requieren importantes cantidades de energía. De acuerdo con las cifras citadas en el material original, la industria petroquímica representa alrededor del 30 % de la demanda energética industrial mundial y genera aproximadamente el 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector industrial.
La discusión no necesariamente implica elegir entre proteger el clima o reducir la contaminación química. Una tercera posibilidad consiste en acelerar la investigación y comercialización de materiales y procesos capaces de cumplir funciones similares sin recurrir a PFAS.
Organizaciones como Chem Trust han identificado ejemplos de tecnologías que ya pueden desarrollarse sin estos compuestos. Entre ellos se encuentran determinados sistemas de refrigeración para bombas de calor que utilizan propano como refrigerante y algunas células solares fabricadas sin fluoropolímeros.
La existencia de estas alternativas demuestra que la sustitución es posible en determinados casos, aunque no necesariamente con la misma facilidad en todos los sectores. Shubhi Sharma, investigadora científica de Chem Trust, ha señalado que cada vez más empresas están trabajando en el desarrollo de tecnologías verdes libres de PFAS, una tendencia que podría ampliarse conforme aumenten las restricciones regulatorias y la demanda de productos con menor impacto ambiental.
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