Medio Ambiente

Descubren 39 nuevas especies de Luciérnagas en el sur del país

El proyecto “Luciérnagas de México” concluyó una de sus principales etapas con la descripción de 39 nuevas especies en el sur del país, un hallazgo que amplía de manera importante el conocimiento científico sobre uno de los grupos de insectos menos estudiados en México.  

Con estas nuevas descripciones, el número de especies de luciérnagas conocidas en el país asciende a 346. 

El proyecto surgió en 2019, cuando el interés por los sitios de avistamiento de luciérnagas comenzaba a crecer. Investigadores y estudiantes de distintas instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se reunieron entonces con un objetivo central: generar información taxonómica que permitiera conocer qué especies de luciérnagas existen en el país y establecer las características que permiten diferenciarlas.

El proyecto fue encabezado inicialmente por el Dr. Santiago Zaragoza, quien en ese momento era académico del Instituto de Biología de la UNAM, y contó con la coordinación de la Dra. Sara López Pérez, académica de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM. 

Entre los principales colaboradores estuvieron, por parte de la FES Zaragoza, Daniel Edwin Domínguez-León, Mireya González-Ramírez y Geovanni M. Rodríguez-Mirón; del Instituto de Biología de la UNAM, Ishwari G. Gutiérrez-Carranza, Anel Teresa Mercedes Núñez-Monroy y Martín L. Zurita-García; de la Universidad de Georgia, Miriam Aquino-Romero; de la Escuela Nacional Preparatoria 8 de la UNAM, Paulina Cifuentes-Ruiz; del Instituto de Ecología, A. C., Viridiana Vega-Badillo; y de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia de la UNAM, Oscar Pérez-Flores. 

Para estudiar la gran cantidad de ejemplares disponibles, el equipo dividió el territorio mexicano en distintas regiones. De este trabajo surgieron estudios sobre las luciérnagas del centro, norte y occidente del país, así como de la región golfo-Caribe.  

La última etapa se concentró en el sur de México, una zona que se decidió estudiar al final debido a la elevada diversidad de especies que alberga. En total se describieron 150 especies para los distintos estados. 

Los resultados de esta última etapa fueron publicados el 19 de agosto de 2026 en la Revista Mexicana de Biodiversidad bajo el título “Luciérnagas (Coleoptera: Lampyridae) del sur de México y descripción de 39 especies nuevas”.

El estudio reúne el trabajo de investigadores de la UNAM, el Instituto de Ecología, el Grupo de Especialistas en Luciérnagas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y otras instituciones. 

De acuerdo con el Dr. Geovanni Rodríguez Mirón, académico de la FES Zaragoza, Oaxaca, Chiapas y Guerrero concentran una de las mayores riquezas de luciérnagas del país. 

Antes de esta investigación, en estos tres estados se conocían 94 especies. El nuevo estudio describe 39 especies nuevas para la ciencia y documenta, además, 15 nuevos registros estatales. 

Tras la revisión taxonómica y la actualización de los registros, los autores reconocen 147 especies para la región en su conjunto. Esta riqueza se distribuye entre los tres estados: 65 especies registradas en Chiapas, 41 en Guerrero y 79 en Oaxaca. Estos valores no deben sumarse entre sí, ya que algunas especies están presentes en más de un estado. 

Esta diversidad, explican los investigadores, no se limita a las especies conocidas por los espectáculos de avistamiento. Existen numerosas luciérnagas que no necesariamente producen los grandes destellos que atraen al turismo y que, sin embargo, son fundamentales para comprender la biodiversidad y la evolución de estos insectos.

El hallazgo también refuerza la importancia de México a escala mundial. De acuerdo con el Dr. Rodríguez Mirón, el país es el segundo con mayor número de especies de luciérnagas, solo detrás de Brasil, y concentra más del 10 por ciento de las especies conocidas en el mundo. 

Las 39 especies nuevas corresponden al género Photinus, uno de los grupos más diversos de luciérnagas en México. 

Las especies descritas en el estudio son: Photinus acontrerasi, Photinus alanisae, Photinus avendanoae, Photinus benignoi, Photinus buenoi, Photinus ciervophallus, Photinus davilae, Photinus dispersus, Photinus ednae, Photinus elvirae, Photinus epetriophallus, Photinus euguii, Photinus franciscotoledoi, Photinus franckei, Photinus ifigeniae, Photinus isabelae, Photinus juliae, Photinus lazcanoi, Photinus lloydi, Photinus mariaeugeniae, Photinus mariomolinai, Photinus margaritae, Photinus medellini, Photinus nerivelai y Photinus pachecoi. 

También se describieron Photinus pelegae, Photinus pitstiki, Photinus pseudogliscens, Photinus reynosoi, Photinus romeronapolesi, Photinus samirfloresi, Photinus sarukhani, Photinus souzae, Photinus stephanieae, Photinus tatianafiordelisioae, Photinus tiferethae, Photinus uchimai, Photinus valenzuelai y Photinus vasconcelosi. 

Para cada especie nueva, el artículo presenta ilustraciones dorsales y ventrales, además de imágenes de los genitales masculinos, estructuras fundamentales para distinguir unas especies de otras. 

Además de ampliar el inventario de especies, el estudio deja una serie de homenajes. Varias de las nuevas luciérnagas llevan nombres que reconocen las aportaciones de personas vinculadas con la ciencia, la conservación, la educación y el estudio de la biodiversidad.

Una de ellas es Photinus mariomolinai, dedicada al químico mexicano Mario Molina, premio nobel de química y una de las figuras científicas mexicanas de mayor reconocimiento internacional. Photinus medellini lleva el apellido del investigador Rodrigo Medellín, académico de la UNAM reconocido por sus aportaciones al estudio y la conservación de los murciélagos. 

En el caso de Photinus nerivelai, el nombre recuerda a Rodolfo Neri Vela, astronauta, académico y promotor de la ciencia en México. El artículo señala que el epíteto combina sus dos apellidos. 

También destaca Photinus sarukhani, dedicada al exrector de la UNAM José Sarukhán Kermez, como reconocimiento a sus esfuerzos en favor de la biodiversidad y, particularmente, por su impulso a la Fundación UNAM y al apoyo a estudiantes universitarios. 

Otra de las especies, Photinus tatianafiordelisioae, honra a Tatiana Fiordelisio, cuyos trabajos incluyen investigaciones relacionadas con biosensores para la detección del virus del papiloma humano y desarrollos relacionados con la COVID-19, de acuerdo con lo explicado por la Dra. Sara López Pérez. 

En la misma línea, Photinus benignoi fue dedicada al académico Benigno Gómez y Gómez, a quien los autores reconocen como promotor de la entomología cultural y la etnobiología. Photinus margaritae fue dedicada a Margarita Canales, académica de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, mientras que Photinus juliae honra a Julia Carabias, destacada investigadora y defensora de la conservación ambiental.

Los nombramientos también reconocen a personas vinculadas directamente con el estudio de los insectos. Photinus lloydi lleva el nombre de James E. Lloyd, conocido como “Firefly Doc” por sus trabajos pioneros sobre luciérnagas.  

Photinus stephanieae está dedicada a Stephanie Vaz N. Campos, investigadora brasileña dedicada a la taxonomía y conservación de estos insectos. 

Otros nombres recuerdan a investigadores y defensores de la biodiversidad. Jesús Romero Nápoles, especialista en escarabajos, fue homenajeado en Photinus romeronapolesi; Daniel Reynoso Velasco, entomólogo dedicado al estudio de los hemípteros acuáticos, en Photinus reynosoi; y Samir Flores Soberanes, defensor de la naturaleza y de la justicia socioambiental, en Photinus samirfloresi. 

Por su parte, Photinus euguii fue dedicada a Euguí Roy Martínez Pérez, biólogo de Oaxaca que perdió la vida en la defensa de una región amenazada por la tala ilegal y la caza furtiva. 

Sin embargo, describir una nueva especie no significa únicamente incorporarla a una lista. Para los investigadores, conocer la diversidad permite formular preguntas sobre los procesos evolutivos que dieron origen a la riqueza de luciérnagas que existe actualmente en México. 

Los resultados apuntan a que el país puede considerarse un centro de diversificación de luciérnagas, particularmente para el género Photinus. Pero para entender cómo surgió esta diversidad es necesario establecer primero qué especies existen, dónde se distribuyen y cuáles son sus características. 

El conocimiento taxonómico también tiene implicaciones directas para la conservación. No basta con saber que “hay luciérnagas” en determinado sitio: cada especie puede presentar características, necesidades ecológicas y respuestas diferentes frente a las amenazas ambientales.

Precisamente por ello, identificar y describir cada especie requiere un trabajo especializado. 

A simple vista, muchas luciérnagas pueden parecer prácticamente idénticas. Por ello, la Dra. López Pérez explicó que para determinar que una especie es nueva se realizan estudios detallados de su morfología y se presta especial atención a las estructuras genitales de los machos, que pueden presentar diferencias determinantes para separar una especie de otra. 

Cada posible especie nueva debe compararse con las especies que ya han sido descritas. Después se realiza una descripción detallada de sus características, desde la cabeza hasta los últimos segmentos del abdomen, además de analizar colores, formas y otras estructuras. 

El objetivo no es únicamente establecer que una especie es diferente, sino generar información que permita reconocerla en el futuro. Por ello, los investigadores incorporan claves taxonómicas y fotografías de alta calidad que facilitan la comparación de ejemplares y su identificación por parte de otros científicos y personas interesadas en las luciérnagas. 

Una particularidad de este estudio es que se realizó principalmente con ejemplares que ya estaban depositados en la Colección Nacional de Insectos. Aunque el trabajo de campo continúa siendo fundamental, las colecciones científicas permiten acceder a organismos recolectados durante décadas en diferentes regiones del país. 

Estos acervos representan una reserva de información biológica que puede ser estudiada mucho tiempo después de que los ejemplares fueron colectados. En este caso, permitieron descubrir especies que permanecían sin identificar y ampliar el conocimiento sobre su distribución.

Así, una parte importante del descubrimiento no ocurrió necesariamente en el momento de la colecta, sino años después, cuando los ejemplares pudieron ser revisados con nuevas preguntas y herramientas taxonómicas. 

La descripción de las 39 nuevas especies marca el cierre de una etapa del proyecto “Luciérnagas de México”, pero también abre nuevas líneas de investigación. 

Entre las preguntas que quedan abiertas está conocer con mayor precisión el ciclo de vida, desarrollo, comportamiento, ecología y alimentación de las diferentes especies. A nivel mundial, se estima que se conoce el ciclo de vida de menos del 10 por ciento de las especies de luciérnagas. 

También se busca estudiar los posibles efectos del cambio climático sobre estos insectos mediante modelos que permitan analizar cómo podría modificarse su distribución. 

La alimentación representa otra línea de investigación. Aunque tradicionalmente se señala que las larvas se alimentan de organismos como lombrices y caracoles, las observaciones realizadas por el equipo sugieren que algunas especies podrían estar aprovechando otros recursos. 

Además, todavía existen regiones poco exploradas. El trabajo de campo ha demostrado que las luciérnagas no viven exclusivamente en bosques: también pueden encontrarse en ambientes áridos y zonas de matorral, lo que abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones.

Una de las siguientes etapas será complementar la información morfológica con estudios moleculares, explicó la Dra. Sara López Pérez. El objetivo es construir una biblioteca de información genética que ayude a identificar las especies de manera más rápida y facilite su estudio.  

Esta herramienta podría resultar especialmente útil porque la identificación taxonómica requiere conocimientos especializados y, en muchos casos, depende de diferencias que no son evidentes a simple vista. 

La información molecular no sustituiría el trabajo taxonómico, sino que lo complementaría. Al combinar ambas aproximaciones, los investigadores podrían contar con nuevas herramientas para confirmar identificaciones, estudiar relaciones evolutivas y conocer con mayor precisión la diversidad de estos insectos. 

De esta manera, el cierre de esta etapa del proyecto representa en realidad el inicio de una nueva etapa. El inventario permite saber mejor qué luciérnagas existen y dónde se encuentran; las investigaciones futuras buscarán explicar cómo surgió esa diversidad, cómo viven las especies, con qué organismos interactúan y qué se necesita para conservarlas. 

El trabajo desarrollado durante estos años deja una conclusión fundamental para el estudio de estos insectos: conocer su diversidad es el primer paso para poder protegerla. 

Con información de la UNAM 

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