El costo ecológico de los centros de datos preocupa a los científicos

El costo ecológico de los centros de datos preocupa a los científicos
El costo ecológico de los centros de datos preocupa a los científicos

El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) impulsa nuevas oportunidades tecnológicas, pero también incrementa la presión sobre los recursos naturales. Los centros de datos que permiten entrenar modelos y procesar consultas requieren grandes cantidades de electricidad, agua y equipos especializados, cuyos impactos dependen de las condiciones de cada instalación. 

Aunque los sistemas informáticos mejoran su eficiencia energética, el aumento de usuarios y aplicaciones de alto consumo puede contrarrestar esos avances. Según estimaciones de Our World in Data, los centros de datos dedicados a la IA consumieron alrededor del 0,5% de la electricidad mundial en 2025 y podrían alcanzar el 1,5% para 2030. 

Sin embargo, calcular el impacto real sigue siendo complejo. La ubicación de las instalaciones, las fuentes de energía utilizadas, las tecnologías de refrigeración y la falta de información pública detallada dificultan establecer una evaluación completa de las consecuencias ambientales de esta industria. 

Uno de los principales desafíos es el consumo eléctrico. Aunque una consulta de texto puede requerir relativamente poca energía, las tareas más exigentes, como generar videos, demandan muchos más recursos informáticos.  

Si la electricidad procede de carbón o gas natural, su utilización genera emisiones que contribuyen al calentamiento global. 

Además, algunos centros de datos recurren a turbinas de gas y generadores propios para garantizar el suministro. Estos equipos pueden emitir contaminantes atmosféricos, como óxidos de nitrógeno y partículas finas, que deterioran la calidad del aire y representan riesgos para la salud de las comunidades cercanas.  

El agua constituye otra preocupación importante, ya que se utiliza para refrigerar equipos y también durante la generación de electricidad. Un análisis publicado en marzo por científicos de la Universidad de California en Riverside y otras instituciones estimó que los centros de datos estadounidenses podrían consumir hasta 416.000 millones de litros anuales para 2030. El impacto puede ser mayor en regiones que ya sufren escasez hídrica. 

Los efectos locales también incluyen contaminación acústica provocada por ventiladores, sistemas de refrigeración y generadores. En determinadas comunidades, el ruido persistente ha originado reclamos por sus consecuencias sobre la calidad de vida.  

Asimismo, el calor liberado por estas instalaciones podría intensificar las islas de calor urbanas. Una investigación realizada en Phoenix, Arizona, detectó aumentos de temperatura de hasta 2,2 °C en barrios situados a favor del viento de algunos centros de datos, aunque se necesitan más estudios para precisar el alcance de este fenómeno. 

Por otra parte, la infraestructura informática depende de minerales y metales utilizados en semiconductores, servidores y sistemas de almacenamiento. Su extracción puede provocar deforestación, contaminación del agua y emisiones, mientras que el recambio de equipos incrementa los residuos electrónicos, de los cuales solo se recicla aproximadamente una quinta parte a escala mundial. 

Los especialistas señalan que estos impactos pueden reducirse mediante decisiones de planificación, regulación y diseño. Entre las medidas prioritarias figuran abastecer los centros de datos con energías renovables, mejorar la eficiencia de refrigeración y evitar instalaciones en zonas con estrés hídrico. 

También resulta fundamental exigir transparencia sobre el consumo energético, las emisiones, el uso de agua y la procedencia de los materiales. A su vez, extender la vida útil de los equipos y recuperar sus componentes puede disminuir la presión sobre los ecosistemas. 

Finalmente, antes de autorizar nuevos proyectos, es necesario evaluar sus beneficios económicos y sociales frente a los costos ambientales locales. El desafío consiste en aprovechar las capacidades de la IA sin trasladar sus impactos a las comunidades ni comprometer los recursos que necesitarán las generaciones futuras. 

Con información de Noticias Ambientales 

Foto: Unsplash 

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