Esponjas revelan cómo ha cambiado la vida en los mares de México

Esponjas revelan cómo ha cambiado la vida en los mares de México
Esponjas revelan cómo ha cambiado la vida en los mares de México

No son plantas ni corales: son animales y, además, de los más antiguos del planeta. En la UNAM hay un espacio poco conocido que reúne más de 15 mil esponjas marinas provenientes de todos los litorales del país. Algunas tienen más de 90 años en el acervo; otras podrían representar especies nunca antes descritas. 

Detrás de frascos etiquetados con sumo cuidado hay estructuras microscópicas y organismos que parecen esculturas submarinas. Se trata de la Colección Nacional del Phylum Porifera Gerardo Green (bajo resguardo del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM) que, además de preservar parte de la historia natural de México, ayuda a entender cómo han cambiado nuestros océanos y qué ocurre en ellos. 

“Tenemos una esponjita de 1934. Fue colectada por un investigador que la dejó a resguardo, pero nunca formó parte de ninguna colección ni fue estudiada hasta que llegó a mi laboratorio. Hoy es una de las piezas más antiguas que tenemos y, más allá de ser un mero ejemplar marino, es una muestra de cómo eran los mares mexicanos en el pasado”, relató Patricia Gómez López, académica curadora de este acervo. 

“Contamos con alrededor de 600 especies distintas en un conjunto conformado por más de 15 mil individuos provenientes de los golfos de California y México, y el Pacífico y Caribe mexicanos, y cerca de 4 mil registros científicos que nos permiten ahondar en los antecedentes de los ejemplares, los lugares donde aparecieron o se tuvo primera noticia de ellos, y de las novedades que representan. Todo esto la convierte en la colección de esponjas más importante del país”, explicó la bióloga. 

A pesar de que investigadores mexicanos habían hecho recolecciones de estos animales desde mucho antes, no fue sino hasta 1968 (con el trabajo de Gerardo Green, investigador que comenzó la colección) cuando se inició un estudio sistemático de dichos organismos en México. 

“Es muy importante, sobre todo para los estudiosos en el país de la cuestión marina, conocer la biodiversidad de los litorales mexicanos. De ahí el gran valor que tiene este acervo, ya que permite comprender cómo han cambiado nuestros ecosistemas costeros a lo largo del tiempo”. 

A decir de Patricia Gómez, el camino de una esponja hasta formar parte de una colección científica comienza de muchas maneras: puede ser con una expedición marina, con proyectos de biodiversidad o de la mano de especialistas que llegan con muestras cuyo nombre aún se desconoce. 

Ahí inicia el trabajo de la académica curadora: identificar científicamente a cada organismo. “Establecer la taxonomía de las esponjas es un trabajo minucioso. Primero se estudian sus características externas como textura, color, forma y superficie. Algunas son lisas y otras presentan pequeñas protuberancias, tubos o estructuras particulares”. 

Después, añadió, viene el análisis microscópico. Se observa la estructura y la morfología externa: el tamaño, si la superficie es lisa, con piquitos o si tiene tubérculos o yemas. El siguiente paso es realizar cortes de tejido muy finos para obtener el esqueleto completo. 

“Uno de los aspectos más importantes para identificarlas son las espículas, estructuras microscópicas de sílice o carbonato de calcio que funcionan como un esqueleto interno y que poseen formas distintas, según la especie”, subrayó Patricia Gómez. 

Sin embargo, determinar si se trata de una especie nueva no es sencillo, reconoció la investigadora, pues es necesario cerciorarse de que el ejemplar analizado no esté registrado en la literatura existente y, para ello, es preciso medir, fotografiar, comparar estructuras y redactar un escrito formal en inglés para una revista internacional. Cuando finalmente se corrobora que estamos ante algo no descubierto, llega uno de los momentos más emocionantes: asignarle un nombre. 

Algunas esponjas han sido bautizadas por su tonalidad, forma o el lugar donde fueron encontradas. Otras son homenajes. “Puede ser por el color, como rubro si es roja; por la localidad, como Cozumel, o por alguien importante. Yo pude dedicarle una a Gerardo Green”, contó. 

Fundamentales para la salud marina 

Aunque parecen no moverse, las esponjas son fundamentales para la salud marina, pues sobreviven gracias a un mecanismo sorprendente: el bombeo constante de agua. “Las corrientes les traen no sólo oxígeno, sino alimento, pues arrastran bacterias marinas y algas unicelulares. En ese proceso, estos organismos filtran partículas suspendidas e incluso contaminantes y, al hacer esto, limpian el agua de mar”, señaló. 

Pero sus beneficios no terminan ahí, pues también son refugio de vida marina. Algunas especies alcanzan tamaños sorprendentes. “Existen especímenes de dos metros de diámetro que incluso resguardan animales en su interior. Tienen muchos canales y ahí pueden habitar distintos organismos: moluscos, pequeños equinodermos, peces y hasta tortugas forman parte del entramado ecológico ligado a ellas”. 

Las joyas escondidas 

Después de 47 años de su vida dedicados al estudio de estos organismos, Patricia Gómez aún se maravilla frente a ciertos ejemplares. “Para mí, todos son una joya. Algunas especies parecen verdaderas piezas de arte natural, como las llamadas esponjas de cristal, que poseen estructuras de sílice tan complejas que parecen vitrales diminutos”. 

Y pese a que muchos los imaginan como organismos opacos y no llamativos, la realidad es otra: hay esponjas violetas, azules fluorescentes, amarillas intensas y de colores casi imposibles de imaginar bajo el mar. “Toda esta riqueza ha atraído a especialistas de distintos países (como Argentina, Francia o Costa Rica), quienes vienen a consultar esta colección a fin de realizar estudios sobre biodiversidad, ecología, farmacología e incluso investigaciones relacionadas con la sílice”. 

A la fecha, miles de ejemplares siguen esperando ser identificados, etiquetados y estudiados. Pero más allá de la ciencia, la especialista insiste en un mensaje simple: cuidar el planeta empieza con pequeñas acciones cotidianas, como tratar de que la basura no llegue al mar, ya que todo desemboca ahí y somos generadores de una gran cantidad. 

“Me emociona trabajar con estos organismos y aún hay mucho por hacer. La naturaleza es maravillosa y deberíamos poder apreciarla tal cual es, pura y limpia. No sólo el mar, sino el planeta entero”, finalizó. 

Crisis sin precedentes 

El océano alimenta a más de mil millones de personas y sostiene una infinidad de empleos, pero enfrenta una crisis sin precedentes por la sobreexplotación y degradación de sus ecosistemas. En el marco del Día Mundial de los Océanos (que se celebra hoy 8 de junio), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace un llamado a transformar el vínculo que la humanidad mantiene con ellos y a reconocerlos no como un recurso inagotable, sino como aliados indispensables para la vida en la Tierra. 

Bajo el lema “Reimagina más allá del mundo que conocemos: una nueva relación con nuestro océano”, la conmemoración de este año invita a reflexionar acerca de la dependencia cotidiana que hay con los mares y la urgencia de protegerlos frente a las crecientes amenazas ambientales. 

De acuerdo con información difundida por la ONU con motivo de esta celebración, el océano cubre más del 70 % de la superficie del orbe y desempeña funciones esenciales para la supervivencia humana. Produce al menos el 50 % del oxígeno que respiramos, alberga la mayor parte de la biodiversidad de la Tierra y constituye la principal fuente de proteínas para más de mil millones de personas en el mundo. 

Además de su importancia ecológica, es un motor económico relevante. La ONU estima que para 2030 alrededor de 40 millones de personas trabajarán en actividades relacionadas con los océanos, desde la pesca y el turismo hasta el transporte marítimo y otras industrias vinculadas. 

Sin embargo, los ecosistemas marinos atraviesan un momento crítico. Según Naciones Unidas, cerca del 90 % de las grandes especies de peces ha sido mermada y la mitad de los arrecifes de coral del planeta se ha perdido, situación que evidencia que la extracción de recursos supera la capacidad natural de recuperación del océano, sumado al impacto climático y otros factores. 

Ante este panorama, el organismo internacional advierte sobre la necesidad de construir un nuevo equilibrio que permita restaurar la salud de los mares y garantizar que sigan brindando los servicios ambientales de los que depende la humanidad. 

El Día Mundial de los Océanos, promovido por la División de Asuntos Oceánicos y del Derecho del Mar de la ONU, en asociación con Oceanic Global, busca informar sobre el impacto de las actividades humanas en los mares, fortalecer la participación ciudadana en las acciones de conservación y promover la gestión sostenible de los recursos marinos. 

La celebración recuerda que el futuro de la humanidad está ligado al del océano. Protegerlo no sólo implica conservar especies y paisajes, sino garantizar la salud, la alimentación, el clima y el bienestar de las generaciones presentes y venideras. 

Con información de Gaceta de la UNAM 

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