Fósiles del Bajío podrían reescribir la migración de mamíferos en América
Durante décadas se pensó que el histórico cruce de especies entre Norte y Sudamérica por el puente de Panamá comenzó hace 2.8 millones de años, cuando se conectaron estos dos continentes.
Sin embargo, un nuevo artículo publicado en Science el pasado 30 de julio titulado “A 10-million-year biogeographic holding pen primed the Great American Biotic Interchange” (“Un corral biogeográfico de 10 millones de años preparó el Gran Intercambio Biótico Americano”), donde participaron investigadores del Instituto de Geociencias (IGC) de la UNAM, campus Juriquilla, Querétaro, demuestra que la historia es mucho más larga y compleja y que su centro estuvo en México (véase estudio completo en https://www.science.org/doi/10.1126/science.aef2893).
La investigación, liderada por Z. Jack Tseng, de la Universidad de California en Berkeley, contó con la importante participación de los científicos Adolfo Pacheco Castro, de la Universidad Autónoma de Querétaro, y de Óscar Carranza Castañeda, José Jorge Aranda Gómez y Julio César Chávez Ambriz, del IGC.
Buena parte de los nuevos ejemplares fósiles utilizados fueron recolectados durante 50 años por el doctor Carranza y proceden de las cuencas sedimentarias del Mioceno del Bajío, hoy resguardados en el IGC.
Los autores lograron duplicar el número de registros disponibles de mamíferos fósiles del Mioceno y Plioceno mexicano, de 919 a mil 724 localidades y géneros documentados. Ese esfuerzo permitió, por primera vez, comparar los registros de México con los de Estados Unidos, Canadá y Sudamérica en los últimos 12 millones de años.
El equipo encontró evidencia de que, desde hace unos 10 millones de años, mamíferos originarios de lo que hoy es Estados Unidos y Canadá comenzaron a acumularse y diversificarse en el territorio que hoy ocupa el centro de México, mucho antes de poder cruzar hacia Sudamérica. Los investigadores llaman a este fenómeno una “región de espera” (holding pen): un paisaje donde las especies se concentraron y diversificaron antes de dispersarse hacia el sur.
El modelo propuesto por el equipo describe tres fases. La primera, entre los 10 y 7 millones de años, corresponde al arribo de mamíferos de latitudes boreales al centro de México. La segunda, entre hace 7 y 3 millones de años, muestra un aumento gradual de la conectividad de faunas de entre Norte y Sudamérica; con una clara dominancia del flujo norte-sur, evidencia de que aún no existía un corredor terrestre estable entre los continentes.
La tercera fase demuestra ya a los pulsos de intercambio bien documentados que comenzaron hace 2.8 millones de años, cuando se formó de manera definitiva el istmo de Panamá.
Entre los grupos representados en los fósiles del Bajío destacan carnívoros, ungulados, roedores, además de perezosos, que fueron de los primeros en cruzar hacia el norte, favorecidos por su tamaño corporal.
Estos resultados contradicen la hipótesis de que el puente terrestre de Panamá se formó ya desde el Mioceno medio, entre 13 y 15 millones de años atrás. En cambio, refuerzan que la conexión definitiva y sincronizada ocurrió apenas hace 2.8 millones de años, aunque precedida por un larguísimo proceso de acumulación faunística y episodios esporádicos de dispersión, por balsas naturales o corredores intermitentes, en los que México jugó un papel central como punto de tránsito.
El estudio subraya, además, una desigualdad en el registro fósil: mientras la base de datos de paleontología cuenta con más de 16 mil registros de mamíferos del Neógeno para Estados Unidos, México apenas alcanzaba 640 antes de este trabajo.
Cerrar esa brecha era indispensable para entender la distribución de los mamíferos en el continente; por lo que las colecciones y el trabajo de campo realizado durante décadas por el personal Instituto de Geociencias, especialmente el doctor Carranza, fueron la clave para lograrlo.
Con información de la UNAM
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