Popo e Izta: un territorio observado desde muchas ciencias
Con cerca de 40 mil hectáreas, el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl es clave para conservar la biodiversidad y brindar servicios ambientales, como la captación y recarga de agua para una de las regiones más pobladas del país.
Para estudiar y proteger este territorio se realizó el XVI Simposio de la Red de Investigadores del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl (REDIIP), “Ciencia y comunidad: del Volcán a la Cuenca”, que reunió a investigadores, estudiantes, representantes del sector público y comunidades.
En tres días, el encuentro integró miradas desde la vulcanología, la biodiversidad y los recursos hídricos, hasta el riesgo socioambiental, las políticas públicas, la historia y la cultura.
En la inauguración, Ana Lillian Martin Del Pozzo, presidenta del Comité Organizador, señaló que la integración de distintos actores ha fortalecido las acciones de conservación y permitido atender problemáticas que difícilmente pueden resolverse desde un solo sector.
Este trabajo abarca desde el monitoreo del Popocatépetl hasta proyectos sobre agua, vegetación, salud y ordenamiento territorial, entre otros.
José Luis Macías Vázquez, director del Instituto de Geofísica (IGf), destacó el carácter multidisciplinario del encuentro y la participación de gran cantidad de especialistas, que trabajan para optimizar el manejo de los recursos naturales y armonizar el impacto al ecosistema.
Al declarar inaugurado el simposio, María Soledad Funes Argüello, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM, propuso mirar la región como un conjunto, y subrayó la importancia del diálogo entre ciencia, instituciones y comunidades.
La conservación no puede limitarse a proteger bosques, especies o paisajes sin considerar a quienes viven cotidianamente en ellos. Ésa fue la idea central de la conferencia magistral de Pedro Álvarez Icaza Longoria, comisionado nacional de Áreas Naturales Protegidas, quien reconoció a comunidades, pueblos originarios, mujeres y habitantes locales como actores indispensables para cuidar la biodiversidad.
Durante la mesa “Monitoreo técnico y comunitario del Área Natural Protegida y su zona de influencia”, especialistas coincidieron en que observar el territorio implica interpretar la información, compartirla y convertirla en acciones.
Enrique Guevara Ortiz, director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres, indicó que el Popocatépetl es vigilado las 24 horas por diferentes herramientas de monitoreo, pero que la gestión del riesgo debe involucrar a la población.
Robin Campion, investigador del IGf, explicó que el reto no consiste sólo en instalar instrumentos, sino en garantizar recursos y personal para mantenerlos operando a largo plazo.
Actualmente, el volcán es monitoreado mediante redes para recolectar ceniza, sensores de infrasonido, radares de banda X y mediciones de gases.
La participación comunitaria también fue un eje central. Francisco Javier Salazar Valerio, responsable del Parque Nacional Izta-Popo, resaltó que buena parte de la vigilancia sería imposible sin las comunidades de la región, que participan en recorridos, identificación de fauna, restauración y seguimiento de especies.
Incluso, en la comunidad de Santa Cruz Cuautomatitla, Puebla, la comunidad colaboró para establecer sanciones a la captura de aves y cacería de venados, compartió Martha Shirley Reyes Quintero, del Programa de Investigadoras e Investigadores por México de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.
Pedro Moctezuma Barragán, secretario de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México, subrayó el valor de conservar los bosques que rodean la Cuenca de México, y su papel en la captación y recarga de agua.
Asimismo, dijo que el sábado 26 de septiembre se llevó a cabo una plantación simbólica de árboles en el Centro de Cultura Ambiental Yautlica, en Iztapalapa, como parte de los esfuerzos de reforestación y recuperación ambiental del oriente de Ciudad de México.
El agua fue otro tema clave. Eloísa Adriana Guerra Hernández, profesora de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, aclaró cómo la contaminación, los cambios de uso de suelo, la pérdida de vegetación y el crecimiento de asentamientos humanos han transformado las cuencas de la zona. Frente a este panorama, señaló que la investigación tiene que traducirse en restauración, reforestación, tratamiento del agua, así como educación ambiental.
Finalmente, la mesa “Ordenamiento ecológico-territorial y Gobernanza” abordó presiones como la expansión urbana, la fragmentación de hábitats, la sobreexplotación de acuíferos y las disputas por el uso del suelo. Las participaciones destacaron la necesidad de construir el ordenamiento con las comunidades.
El XVI Simposio de la REDIIP mostró que el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl no puede comprenderse desde una sola disciplina ni desde una sola institución. Su conservación requiere ciencia, participación comunitaria, políticas públicas y trabajo sostenido.
Con información de la UNAM
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