¿Sucederá de nuevo en septiembre?
En México, septiembre es un mes que suele asociarse con los terremotos. Desde el devastador sismo del 19 de septiembre de 1985, la memoria colectiva ha alimentado mitos, creencias y hasta expresiones populares como “septiemble”.
Sin embargo, especialistas de la UNAM advierten que no existe ninguna evidencia científica que confirme que este mes concentre más actividad sísmica que el resto del año.
Raúl Valenzuela Wong, investigador del Instituto de Geofísica, explica que los sismos son procesos naturales que ocurren a decenas de kilómetros de profundidad y no guardan relación con el calor, el frío, la lluvia, ni con fenómenos atmosféricos como el cielo rojo o las llamadas nubes aborregadas.
También descarta teorías como la “ley de atracción”, el supuesto efecto de cantar “y retiemble en sus centros la Tierra” durante las fiestas patrias, o la idea de que los simulacros provocan movimientos telúricos.
“La posibilidad de que ocurra un sismo importante está siempre presente en México, independientemente del mes”, puntualiza.
Aunque en septiembre se han registrado varios terremotos significativos en las últimas décadas, también los ha habido en otros meses: el sismo del Ángel en julio de 1957, el de marzo de 1979 en Campestre Churubusco, o el de junio de 2020, de magnitud superior a 7.
Otro mito extendido es que los perros pueden predecir los temblores. Julio Velázquez Rodríguez, titular de la Unidad de Búsqueda y Rescate K9 de la UNAM, señala que si bien los canes poseen gran sensibilidad auditiva y pueden percibir vibraciones, su capacidad es limitada y no constituye un sistema de predicción confiable.
“Se trata de características aún poco estudiadas, pero no es posible afirmar que los perros anticipen un sismo con antelación”, aclara. Además, advierte que no cualquier perro puede desempeñarse como rescatista: se requiere selección cuidadosa, entrenamiento especializado y criterios de bienestar animal.
Los expertos coinciden en que la era digital ha amplificado rumores, como predicciones de videntes o la supuesta periodicidad de los sismos cada 30 años. Frente a ello, subrayan la importancia de la información verificada y de la preparación ciudadana.
“Tenemos arraigada la costumbre de pensar en explicaciones esotéricas. Eso no es benéfico para la sociedad ni para una adecuada preparación. La prevención no sólo depende de las instituciones, sino también de la responsabilidad individual”, concluye Velázquez.
A 41 años del terremoto de 1985, los especialistas de la UNAM insisten en un mensaje claro: los sismos no se pueden predecir, pero sí podemos estar mejor preparados para enfrentarlos.
Con información de la UNAM
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