¿Será el 2026 un año intenso de sargazo?

¿Será el 2026 un año intenso de sargazo?
¿Será el 2026 un año intenso de sargazo?

Ante la amenaza de la llegada de toneladas de sargazo a las costas de Quintana Roo en este 2026 se han encendido las alarmas porque el informe de la Secretaría de Marina del 17 de abril indica que el Caribe mexicano registra 21 mil 685 toneladas y el Atlántico central occidental 290 mil 976 toneladas, publica la Gaceta de la UNAM. 

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se pronunció en su conferencia mañanera (18 de febrero de 2026) acerca del tema donde destacó las acciones emprendidas por el gobierno de Quintana Roo para contener el impacto ambiental y turístico. Indicó que se han instalado barreras marítimas en coordinación con hoteleros para evitar que el musgo llegue a la franja costera. 

Por su parte, en entrevista por separado, académicos de la UNAM, Rosa Elisa Rodríguez Martínez, técnica académica del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML), y Juan Pablo D’Olivo Cordero, investigador del mismo ICML, ambos adscritos a la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales en Puerto Morelos, Quintana Roo, coincidieron en que, aunque la llegada de toneladas de sargazo a las costas mexicanas es inminente, todavía no hay certeza de las cantidades. 

La maestra en Ciencias sostuvo que aún no es posible determinar cuánta cantidad llegará a las costas quintanarroenses, pero advirtió que si bien en el Atlántico se registra en la actualidad una cantidad mayor que en años anteriores -e incluso comenzó a arribar desde enero, algo atípico-, el comportamiento de las corrientes marinas puede modificar su trayectoria. 

“En otras ocasiones, estos cambios han provocado que el sargazo se desplace hacia distintas zonas, por lo que anticipar con certeza su llegada a México resulta complicado. Sin embargo, la experiencia indica que cuando se observa una alta concentración en el Atlántico, el Caribe mexicano suele verse afectado”, relató. 

En tanto, Juan Pablo D’Olivo explicó que todo apunta a que este año podría registrarse un arribo importante de sargazo, similar al observado en los años de mayor intensidad. Los monitoreos en el Atlántico oriental muestran que la biomasa acumulada ya es considerable, lo que apunta a un evento significativo para el Caribe mexicano. 

Advirtió que “las predicciones de que este 2026 sería un pésimo año respecto al sargazo se están cumpliendo con arribazones récords para el periodo en el que nos encontramos”. El volumen total de sargazo para todo el Atlántico actualmente se encuentra muy elevado y se espera que impacte de igual forma la región que incluye al Caribe mexicano. 

“Las corrientes marinas, los vientos y otros factores atmosféricos pueden modificar la trayectoria y concentración de las manchas durante los próximos meses. Por ello, aunque la señal es clara en cuanto a un evento grande, no sería responsable establecer una cifra exacta en este momento”. 

Proliferación por acciones humanas 

Ante la pregunta sobre cuánto influye el cambio climático y la intervención humana en la proliferación del sargazo, Rodríguez Martínez afirmó que sí existe una relación directa, principalmente por los cambios oceanográficos que ha provocado. 

La especialista aclaró que las modificaciones en corrientes y vientos favorecieron que el sargazo, contenido en principio en el Mar de los Sargazos (este de Estados Unidos), comenzara a desplazarse. Mencionó que a partir de 2010 habría llegado a la costa oeste de África, donde encontró aguas más cálidas y ricas en nutrientes, condiciones que impulsaron su crecimiento masivo. “En el Caribe oriental comenzó a observarse desde 2011 y, en el caso del Caribe mexicano, a finales de 2014”. 

“El océano se está enriqueciendo de nutrientes debido a los aportes terrestres y al tratamiento insuficiente de aguas residuales. En países como México, históricamente se ha aplicado tratamiento primario y secundario que elimina residuos sólidos, virus y bacterias, pero no retira en su totalidad los nutrientes. Estos compuestos, al llegar al mar, favorecen el crecimiento acelerado de algas como el sargazo”, declaró la maestra. 

La técnica académica recordó que recientemente se modificó la ley para que se cambien las plantas de tratamiento a fin de remover nutrientes, “pero esto tardará en hacerse en todas las plantas de tratamiento que tenemos en México”. 

Al referirse al tema, D’Olivo Cordero exhortó a que se comunique a la sociedad que el sargazo representa uno de los ejemplos más claros de cómo el cambio climático y las actividades humanas pueden alterar profundamente los ecosistemas en un periodo relativamente corto. 

Señaló que este fenómeno muestra cómo las modificaciones en el clima -en particular el aumento de la temperatura del océano- y el aporte excesivo de nutrientes derivados de actividades humanas pueden detonar procesos ecológicos a gran escala, con repercusiones no sólo ambientales, sino también económicas y sociales.  

“El impacto no se limita a los ecosistemas marinos: afecta directamente al turismo, al empleo, a la salud pública y a la dinámica de comunidades costeras enteras”. 

Efectos ecológicos inmediatos 

Rosa Elisa Rodríguez expuso que los efectos ecológicos inmediatos y de largo plazo del sargazo son muchos, como en las playas donde la acumulación provoca la erosión en el Caribe mexicano. 

“Hay una descomposición del sargazo que también provoca gases y lixiviados (materia orgánica en descomposición), que regresan al mar y cambian toda la calidad del agua costera. Baja el oxígeno, suben los nutrientes, los nitratos, los fosfatos. Y como el Caribe era una zona de muy bajos nutrientes, pues ahora se está enriqueciendo”, aseguró. 

Subrayó que lo antes descrito favorece el crecimiento de las algas que compiten con los corales, y también trae muchos patógenos, virus, bacterias, hongos y protozoarios que pueden provocar enfermedades en organismos de arrecifes, pastizales marinos, manglares y lagunas costeras. 

Rodríguez Martínez apuntó que posteriormente el sargazo se recoge y se tira a veces en manglares, selvas y los lixiviados pueden contaminar el acuífero que es la única fuente de agua dulce en esa zona; ante esto, declaró, el sargazo “tiene un impacto en todos los ecosistemas costeros del Caribe mexicano”. 

Barreras de contención 

Al hablar de las acciones de contención que realiza el Gobierno y la iniciativa privada, D’Olivo, doctor de la Universidad Nacional Australiana, con una investigación centrada en paleoceanografía de corales y sistemas arrecifales, particularmente en el análisis de procesos vinculados al cambio climático, consideró que los esfuerzos gubernamentales para contener el sargazo han ido en aumento. 

“Lo cual es notorio debido al impacto directo que el fenómeno tiene en la economía mexicana. Se trata de una problemática grave, pero las acciones son limitadas y suelen concentrarse en los principales centros turísticos”, reconoció. 

Ante este hecho, el oceanógrafo de formación advirtió que el reto radica en la magnitud del sistema. “Las costas de Quintana Roo forman parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo arrecife de barrera más largo del mundo, por lo que se trata de una extensión costera enorme. Ante esas dimensiones, los esfuerzos tienden a focalizarse en zonas estratégicas para reducir el impacto visual y económico, pero no logran un control total del problema”. 

Junio a septiembre, los meses pico 

Rosa Elisa añadió que los meses de mayor intensidad suelen registrarse entre junio y septiembre, cuando podrían alcanzarse cantidades importantes, aunque insistió que esto no garantiza que todo el sargazo llegue a las costas mexicanas. 

Quiso dejar en claro que no sólo México es el afectado con el sargazo, ya que son más de 30 países que experimentan este fenómeno. “Todas las islas del Caribe como Dominica, República Dominicana, San Martín, Barbados; Brasil por temporadas; Centroamérica, lugares como Belice y Honduras, que antes no lo veían como un problema, ahora ya están contactándonos para ver qué hacer”. 

Sin embargo, admitió que nuestra nación es una las peores porque cuando cruza el sargazo por todo el Caribe se topa de frente con México y ahí se queda bastante, aunque no todo.  

“Se estima que más o menos el 5% que hay frente al país recala en las costas. Lo demás sigue su camino hacia el Golfo de México y sube para volver a llegar al Mar de los Sargazos”. 

Investigación universitaria 

En el diseño de soluciones de la investigación universitaria, Juan Pablo D’Olivo mencionó que es una parte muy importante, por ejemplo, la del monitoreo, porque esto permite responder y tomar decisiones adecuadas. 

Asimismo, precisó que se debe entender cuáles son las condiciones que favorecen la formación de sargazo para entender y predecir de mejor manera cómo se va a desarrollar, “que también son esfuerzos que se hacen aquí dentro de la Unidad de Puerto Morelos. Hay mucha gente que está trabajando en algunas de estas cuestiones”. 

Añadió que en los últimos años se ha impulsado la idea de aprovechar el sargazo como un recurso, una línea de trabajo que ha ido avanzando, pero que aún requiere mayor inversión y desarrollo tecnológico. Consideró que, si se pretende convertirlo en materia prima para distintos productos, primero deben fortalecerse los procesos de manejo, tratamiento y seguridad. 

Medición en toneladas 

Rosa Elisa destacó que el sargazo se puede medir de distintas formas. Algunas instituciones lo calculan por superficie detectada en imágenes satelitales y otras en toneladas, esta última es la más común. 

Refirió que las cantidades actuales son significativamente mayores en comparación con otros años. Recordó que en 2022 había sido el año con mayor registro desde que comenzó el fenómeno; sin embargo, en 2025 se reportó el doble de sargazo que en 2022. Incluso, en enero de este año se detectó más que en enero de 2025. 

De acuerdo con datos de la Universidad de Florida, en enero se estimaron cerca de nueve millones de toneladas de sargazo en el Atlántico y el Caribe, mientras que el año pasado, en el mismo mes se contabilizaron unos siete millones. 

“Durante el año pasado, en el Atlántico se registraron poco más de 200 millones de toneladas. En términos de volumen, esto equivaldría a alrededor de 800 millones de metros cúbicos. Se trata de una cantidad considerable que, además, no se concentra en un sólo punto, sino que está dispersa en parches de distintos tamaños: desde pequeños fragmentos hasta extensiones de varios kilómetros”, informó. 

Frente a este escenario, coinciden en que la respuesta debe fortalecerse desde la investigación, la coordinación institucional y la prevención ambiental, pues el reto no es sólo contenerlo en las playas, sino comprender y atender las causas de fondo que lo intensifican. 

Fuente: Gaceta de la UNAM 

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