Julio volvió a dejar una señal preocupante sobre la evolución del calentamiento global. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que el pasado mes fue el segundo julio más caluroso desde que existen registros, con una temperatura media del aire en la superficie terrestre 1.47 °C por encima del promedio correspondiente al periodo preindustrial de 1850-1900.
Los datos, proporcionados por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, muestran que las temperaturas excepcionalmente elevadas estuvieron acompañadas por condiciones de baja humedad en el suelo y sequía en distintas regiones. Europa occidental fue una de las zonas más afectadas, con consecuencias sobre los ecosistemas, la agricultura y los recursos hídricos.
El descenso de los niveles de agua en los ríos también generó problemas para actividades económicas esenciales. El transporte fluvial y la producción de energía se vieron afectados, mientras que la combinación de calor, sequedad y vegetación vulnerable incrementó el peligro de incendios forestales.
Calor persistente y una temporada de incendios excepcional
Uno de los aspectos más destacados del comportamiento climático de julio fue la extensión de los incendios forestales registrados en Europa occidental. La actividad fue extraordinaria tanto por las superficies afectadas como por el volumen de emisiones generado por los incendios.
John Kennedy, jefe de información climática de la OMM, explicó que las condiciones observadas responden a la combinación de dos factores. «Lo que hemos atestiguado en los últimos meses es el efecto combinado del calentamiento a largo plazo y un patrón persistente de alternancia entre sistemas de alta y baja presión en todo el hemisferio norte», señaló.
Los sistemas de alta presión suelen estar asociados con temperaturas elevadas y condiciones secas, mientras que los sistemas de baja presión tienden a favorecer ambientes más fríos y húmedos. Sin embargo, cuando un sistema de alta presión permanece estacionado durante varios días o incluso semanas, puede prolongar significativamente las condiciones de calor y falta de precipitaciones.
Precisamente esta persistencia fue uno de los elementos que caracterizaron el comportamiento atmosférico durante este año en el hemisferio norte. La combinación de temperaturas elevadas y escasez de humedad aumentó la presión sobre los suelos y los ecosistemas, al tiempo que favoreció la propagación de incendios.
El calor continúa durante agosto
Los efectos de este escenario no terminaron con el cierre de julio. La OMM señaló que las temperaturas elevadas continuaron durante agosto y que varios países europeos ya enfrentaban la cuarta ola de calor desde mayo.
La sucesión de episodios cálidos resulta especialmente relevante porque ocurre sobre un planeta que ya presenta un calentamiento sostenido. Cada periodo prolongado de temperaturas extremas puede incrementar la evaporación, reducir la disponibilidad de agua en el suelo y someter a una mayor presión a los cultivos y ecosistemas.
La disminución del caudal de los ríos también puede generar impactos económicos adicionales, especialmente en regiones donde las vías fluviales son importantes para el transporte de mercancías o donde las centrales eléctricas dependen de una disponibilidad suficiente de agua.
A medida que avanza el verano, la combinación de calor persistente, sequía y condiciones favorables para los incendios representa un desafío creciente para las autoridades europeas. Los datos de julio, además de confirmar la excepcional intensidad del calor registrado, muestran cómo las temperaturas extremas pueden desencadenar una cadena de impactos que afecta simultáneamente al agua, la agricultura, la energía, el transporte y los ecosistemas.
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