La sequía prolongada y las altas temperaturas encendieron las alertas entre los apicultores de Hungría, donde la disponibilidad de alimento natural para las abejas se redujo de manera drástica durante agosto.
La Asociación Nacional de Apicultura de Hungría (OMME) advirtió que alrededor del 80% de las colonias del país enfrenta un acceso limitado o prácticamente nulo al polen natural, una situación que compromete su desarrollo y capacidad para sobrevivir los próximos meses.
El problema no se limita a la producción de miel. El polen representa una fuente esencial de proteínas para las colonias, particularmente para alimentar a las larvas y favorecer el desarrollo de las abejas jóvenes.
El calor también está agotando las reservas de agua
Las condiciones climáticas extremas han reducido las fuentes naturales de alimento incluso en zonas que tradicionalmente ofrecían recursos durante la segunda mitad del verano.
La disminución de cuerpos de agua y el deterioro de la vegetación obligan a las abejas obreras a recorrer mayores distancias para encontrar agua, néctar y polen.
Este esfuerzo adicional representa un mayor consumo de energía y puede elevar la mortalidad de las obreras, debilitando progresivamente a las colonias.
La situación también puede generar competencia entre colmenas. Ante la escasez de néctar, las colonias pueden llegar a enfrentarse por los recursos disponibles, aumentando las pérdidas.
Una amenaza que va más allá de la miel
La crisis apícola tiene implicaciones ambientales que trascienden la producción de miel.
Las abejas cumplen una función esencial como polinizadoras y contribuyen a la reproducción de numerosas especies vegetales. Su disminución puede afectar ecosistemas, cultivos y cadenas de producción de alimentos.
En México, por ejemplo, la Secretaría de Agricultura señala que los polinizadores benefician la propagación y producción de más del 60% de las plantas cultivadas y son fundamentales para hasta 70% de los cultivos utilizados directamente para consumo humano.
Por ello, la situación registrada en Hungría representa también una señal sobre los efectos que los fenómenos climáticos extremos pueden ejercer sobre servicios ecosistémicos indispensables.
Apicultores piden considerar el impacto climático
Ante el escenario actual, la OMME solicitó al gobierno húngaro tomar en cuenta las condiciones meteorológicas extraordinarias al evaluar las posibles pérdidas de colonias.
La organización señaló que los apicultores enfrentan una situación que escapa a su control y que podría impedirles mantener el número de colonias establecido por las normas del sector.
La preocupación principal se concentra ahora en los próximos meses. La falta de alimento registrada durante el verano puede determinar la capacidad de las colonias para superar el invierno y llegar fortalecidas a la primavera de 2027.
El impacto también podría reflejarse en la producción de miel del próximo año, debido a que colonias debilitadas tendrán menores posibilidades de recuperarse y reproducirse.
Las abejas como indicador del deterioro ambiental
El caso de Hungría muestra cómo la combinación de sequía y calor puede alterar rápidamente el equilibrio entre los polinizadores y su entorno.
La protección de estos insectos requiere conservar fuentes de agua, mantener una mayor diversidad vegetal y fortalecer prácticas agrícolas y apícolas capaces de resistir condiciones climáticas cada vez más extremas.
Organizaciones internacionales especializadas en apicultura han destacado durante 2026 la necesidad de impulsar sistemas sostenibles, investigación, protección de polinizadores y acciones de regeneración de los ecosistemas.
La emergencia que enfrentan las colmenas húngaras, por ahora, mantiene la atención sobre un problema que podría adquirir una dimensión mayor si los periodos de calor extremo y escasez de agua continúan afectando los territorios donde los polinizadores encuentran alimento y refugio.
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