Brasil pierde vegetación y aumenta su vulnerabilidad ante fenómenos extremos como El Niño

Brasil pierde vegetación y aumenta su vulnerabilidad ante fenómenos extremos como El Niño

Brasil ha experimentado una transformación profunda de su territorio durante las últimas cuatro décadas. La pérdida de vegetación nativa no solo ha reducido la superficie de bosques, selvas y sabanas, sino que también está alterando funciones esenciales de los ecosistemas, entre ellas su capacidad para regular el agua, proteger los suelos y moderar los efectos de fenómenos climáticos extremos.

Entre 1985 y 2025, la cobertura vegetal nativa del país disminuyó del 79 % al 65 % del territorio nacional, mientras que las áreas destinadas a actividades agropecuarias aumentaron del 18 % al 32 %, de acuerdo con un estudio de MapBiomas.

La organización, que reúne a universidades, organizaciones ambientales y empresas tecnológicas para elaborar mapas anuales sobre el uso y cobertura de la tierra, estima además que Brasil perdió 110 millones de hectáreas de áreas naturales entre 1985 y 2023, una extensión equivalente al 13 % de su territorio.

De acuerdo con el estudio, este cambio en el paisaje deja al país más expuesto frente al calentamiento global y eventos extremos como El Niño, debido a que la vegetación cumple un papel fundamental en el funcionamiento del ciclo del agua.

Más agricultura, menos vegetación nativa

El avance de las actividades agropecuarias explica buena parte de esta transformación. En 1985, las zonas agrícolas y ganaderas ocupaban 18 % del territorio brasileño; cuatro décadas después representan 32 %.

Entre los cultivos temporales, la soja fue uno de los que más aumentó su superficie. Pasó de ocupar 4,5 millones de hectáreas en 1985 a 44,2 millones en 2025, equivalente al 66,5 % del área destinada a agricultura.

La caña de azúcar también tuvo una expansión considerable: pasó de 2,2 millones a 11,1 millones de hectáreas durante el mismo periodo. A esto se suma el crecimiento de la superficie dedicada a la silvicultura, que aumentó de 1,9 millones a 9,9 millones de hectáreas.

Para Tasso Azevedo, coordinador de MapBiomas, la pérdida de vegetación también implica una reducción de la protección natural que ofrecen los ecosistemas ante eventos extremos como El Niño.

El problema está relacionado con las funciones que desempeñan los bosques y otras coberturas naturales. La vegetación ayuda a regular los intercambios de calor y vapor de agua entre la superficie terrestre y la atmósfera. Cuando desaparece, pueden aumentar las temperaturas y modificarse los patrones de precipitación.

Amazonía y Cerrado concentran grandes pérdidas

La transformación ha sido particularmente importante en algunos de los principales ecosistemas brasileños. Entre 1985 y 2025, la Amazonía perdió 53,9 millones de hectáreas de vegetación nativa, equivalentes al 14 % de su superficie.

En el Cerrado, la pérdida fue todavía mayor en términos proporcionales: desaparecieron 51,7 millones de hectáreas, alrededor del 34 % de su superficie.

En total, Brasil perdió durante el periodo analizado 65 millones de hectáreas de áreas boscosas y selváticas, incluidas regiones de la Amazonía y la Mata Atlántica. Esto representa una reducción del 15 % de sus áreas forestales.

La Amazonía tiene especial importancia debido a su función como uno de los grandes reguladores climáticos del continente. Su cobertura de vegetación nativa pasó del 89,5 % en 1985 al 77,1 % en 2025.

A la pérdida de bosques se sumaron otros 46 millones de hectáreas de áreas de sabana, que abarcan ecosistemas como el Cerrado, la Pampa y la Caatinga.

El deterioro de estos ecosistemas ocurre, además, mientras Brasil registra un aumento sostenido de las temperaturas. Según MapBiomas, la temperatura media del país aumentó 0,29 °C por década entre 1985 y 2024. En la Amazonía, el incremento alcanzó 1,2 °C por década durante el mismo periodo.

La combinación de calentamiento y pérdida de vegetación genera un escenario especialmente vulnerable. Al disminuir la capacidad de los ecosistemas para regular el agua y moderar las temperaturas, Brasil puede quedar más expuesto a las consecuencias de fenómenos naturales como El Niño.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en reducir las emisiones que impulsan el calentamiento global. También implica conservar la vegetación que todavía existe y recuperar ecosistemas capaces de funcionar como barreras naturales frente a los extremos climáticos.

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