Necesaria, una transición energética estructural: UNAM

Necesaria, una transición energética estructural: UNAM
Necesaria, una transición energética estructural: UNAM

Se requiere un cambio estructural en la forma en que producimos, distribuimos y consumimos energía. Asimismo, evitar cargas ecológicas no compensadas a generaciones futuras y a comunidades marginadas.  

La transición energética debe reducir emisiones de gases de efecto invernadero, pero no agotar materiales, para que sea resiliente y éticamente coherente, afirmó Julia Tagüeña Parga, del Instituto de Energías Renovables e investigadora emérita de la UNAM. 

Hoy en día, agregó, estamos pasando de un modelo que se basó en los combustibles fósiles, como petróleo, carbón o gas, a un sistema en el que usemos fuentes de energía como la solar, eólica o hidroeléctrica, y este proceso debe ocurrir con una visión ética. 

Al participar en la sesión “Construyendo la sustentabilidad: la transición energética y sus dilemas éticos”, de la Cátedra Extraordinaria de Bioética, la universitaria dijo que el desarrollo sustentable consiste en alcanzar el bienestar de las personas al considerar simultáneamente aspectos sociales, económicos, ambientales e institucionales, con atención especial en los más desprotegidos y en las generaciones futuras. 

La sustentabilidad -detalló en la sesión virtual moderada por Carol Hernández Rodríguez, investigadora del Programa Universitario de Bioética- tiene cuatro factores fundamentales: naturaleza, economía, sociedad y organizaciones (gobernanza), que se combinan en un sistema complejo. 

Recordó que entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por la Organización de las Naciones Unidas en 2015 están la educación de calidad y la igualdad de género; también incluyen la energía renovable y limpia.  

Cada nación reporta a ese organismo internacional sus logros al respecto y los compromisos firmados. No obstante, “ningún país alcanzará los Objetivos de la Agenda 2030”, por diversos motivos, como la guerra. 

Son nueve los procesos que afectan la estabilidad de nuestro planeta, entre ellos, el cambio climático, la acidificación de los océanos, el cambio de uso de suelo (deforestación) o la contaminación de la atmósfera.  

Se trata de las principales actividades humanas que generan daños significativos en el medio ambiente. De estos límites planetarios, alertó Tagüeña, seis ya han sido rebasados. 

La universitaria consideró que el reciente desastre de Nepal, que ha causado la muerte de miles de personas, es un parteaguas y el primero que es claramente consecuencia del cambio climático. 

En este proceso surgen tensiones éticas cuando la innovación acelerada en tecnologías renovables acorta los ciclos de vida útiles, y genera flujos masivos de residuos al final de la vida operativa 

Actualmente, opinó, es importante hablar de la transición energética y qué efecto puede tener desde el punto de vista ético y de derechos humanos. En este tema hay que tomar en cuenta al ambiente, y no sólo lo que nos afecta a las personas, sino a todas las formas de vida.  

Por ejemplo, para la descarbonización, hay modelos para guardar el bióxido de carbono en cuevas subterráneas, pero hay que preguntarse si eso es lo que conviene ecológicamente hablando. 

Transitar a las energías renovables, acotó la experta, no basta: hay que hacerlo de manera inteligente, con mucho cuidado del equipo que se emplea o el reciclaje de las baterías (que usan elementos no renovables).  

“En la transición surgen tensiones éticas cuando la innovación acelerada en tecnologías renovables (módulo fotovoltaico, palas de aerogeneradores y baterías de iones de litio) acorta los ciclos de vida útiles, y genera flujos masivos de residuos al final de la vida operativa”. 

La también coordinadora de Comunicación del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la Universidad Nacional mencionó que se ha establecido la propuesta de incorporar la ética del cuidado feminista en la investigación sobre los sistemas energéticos y su transición hacia la sostenibilidad. 

En tanto, en el C3 está el Seminario de Cuidados para la Vida y el Bien Común; la idea de este grupo interdisciplinario es “avanzar hacia una universidad de cuidados: de los alumnos, los espacios, la naturaleza y las fuentes de energía”. Si no caminamos hacia allá, el futuro será muy complicado, advirtió Julia Tagüeña. 

Por último, consideró que las ciencias de la complejidad es el enfoque moderno para hacer investigación, es decir, desde la multidisciplina.  

Esta cuestión tiene que ver con física, química, ingeniería y biología, pero también con ciencias sociales, ética, etcétera. En este caso “somos afortunados de estar en un lugar, la UNAM, donde hay una reflexión inteligente del tema y aportar un grano de arena en la construcción de una transición energética lo más justa posible”. 

Con información de la UNAM 

TE RECOMENDAMOS LEER: otono-de-2026-esta-a-punto-de-iniciar-en-mexico

noticias relacionadas