Alerta ante daño ambiental de la Sierra Tarahumara
En un escenario global afectado por la crisis climática y marcado por la sequía, la deforestación y problemáticas sociales como la violencia, el campo mexicano atraviesa una de sus coyunturas más críticas.
Ante este panorama, el pasado 27 de agosto, bajo el seminario “Estado y sociedad: aproximaciones contemporáneas en la investigación social para la comprensión de las poblaciones indígenas”, se llevó a cabo la conferencia “Crisis múltiple y acuerdos agrarios en la Sierra Tarahumara”, a cargo de Elías Plata Espino, de la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México/Universidad del Estado de Nueva York en Buffalo.
Durante la sesión, el especialista analizó la compleja realidad de los pueblos originarios y mestizos en la Sierra Tarahumara, donde explicó la crisis múltiple que asfixia a esta región chihuahuense.
Argumentó que la situación actual va más allá del deterioro ambiental o la caída productiva; representa el agotamiento de lo que denominó el “acuerdo agrario”.
Según el investigador, durante gran parte del siglo XX, el Estado mantuvo un pacto institucional que permitía la reproducción de la vida campesina e indígena a cambio de integrarlos al modelo de desarrollo nacional. Sin embargo, con las reformas neoliberales de 1992, este tejido se fracturó, priorizando el extractivismo (minería y tala) y dejando a las comunidades a merced del crimen organizado.
Plata Espino destacó la irrupción de los programas sociales del gobierno mexicano, en ejidos como Norogachi. Aunque la iniciativa enfrenta resistencia local por imponer lógicas productivas ajenas a las dinámicas rarámuris, el antropólogo sugiere que el programa evidencia un reconocimiento tácito del Estado: la urgencia de articular un nuevo pacto rural frente al colapso de los territorios.
“Esta crisis contemporánea no puede entenderse únicamente como un deterioro de condiciones ambientales o productivas, sino que hay que entenderla como este agotamiento de una condición política […] que es este acuerdo agrario que hizo posible la reproducción campesina”, dijo.
Sergio Sarmiento, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, aportó un agudo contrapunto. Cuestionó la validez del término “acuerdo”, señalando que la historia agraria de México ha estado marcada más por imposiciones y “desacuerdos” que por negociaciones horizontales.
“Para que haya acuerdo se necesitan dos, si no, no hay un acuerdo, hay una imposición”, aclaró.
Asimismo, lanzó una fuerte crítica al discurso de la actual política pública. Alertó que la figura histórica y política del “campesino” está desapareciendo de la narrativa oficial, siendo reemplazada por la de “sembrador”. Para Sarmiento, esto es síntoma de la ausencia de una reforma agraria profunda que detenga la continua pérdida de tierras de propiedad social.
El encuentro dejó sobre la mesa un desafío mayúsculo: la necesidad de un Estado que garantice las condiciones de vida en el campo sin atropellar la autonomía de los pueblos indígenas, un equilibrio que hoy parece más lejano que nunca.
“La gran pregunta es cómo se genera este acuerdo, que a veces es un poco forzado, en el que el Estado va a responder a esta crisis múltiple y a las cuestiones que están lastimando la vida comunitaria, pero también respetando esta autonomía”, concluyó Plata Espino.
Con información de la UNAM
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