¿Cómo enfrenta América Latina sus problemas energéticos?

Horas, e incluso días enteros sin electricidad en Ecuador o Cuba. Saturación del suministro en Brasil. El abastecimiento energético de América Latina atraviesa tiempos difíciles. La región, que, en realidad, es pionera en energías renovables, está muy afectada por las consecuencias del cambio climático.  

Semanas de sequía causaron niveles bajos de agua en los ríos y embalses que alimentan las centrales hidroeléctricas, las que, a su vez, generan electricidad. 

Ya están teniendo lugar las primeras controversias por la distribución energética. Colombia, por ejemplo, quiere dejar de distribuir electricidad a Ecuador para asegurarse su propio suministro.  

Aunque las razones de la escasez energética varían en cada país, las consecuencias son las mismas: racionamiento eléctrico o cortes de energía. Esto provoca ahora un debate en muchos países sobre cómo estabilizar el suministro energético. 

Hay países, como El Salvador, que quieren regresar a la energía nuclear. «En siete años queremos tener primero un reactor de investigación y luego un reactor de energía», dijo Daniel Álvarez, jefe de la Comisión de Energía Hidroeléctrica (CEL), en una conferencia especializada esta semana en Asunción, Paraguay. 

La energía nuclear es también actual en otros países. Una nueva generación de reactores más pequeños está generando interés. La opinión es unánime: la electricidad procedente de los átomos no produce emisiones y, por tanto, es una energía verde. 

El debate energético también gira en torno al litio. Según la ciencia, es indispensable para la fabricación de baterías para coches eléctricos.  

Los vehículos libres de emisiones deberían sustituir en las carreteras a los motores de combustión, propulsados por combustibles fósiles. Ese es el plan, pero hay resistencia en muchos países latinoamericanos. 

En tiempos de sequía, existe una gran desconfianza hacia la extracción de la materia prima con uso intensivo de agua. Desde Perú llegan críticas a un proyecto en lo alto de los Andes. Allí, Yellowcake, filial de la empresa canadiense American Lithium, planea extraer 9,5 millones de toneladas de litio en la cuenca del glaciar Quelcaya, en la región de Puno. 

El activista ambiental Vito Calderón critica el proyecto por el suministro de agua para la gente que vive allí: «El agua dulce de esta zona desemboca en las cuencas del Inambari, del Urubamba y del Azángaro, que desembocan en al lago Titicaca», dijo Calderón en Francia al portal Radio France Internacional.  

Los ambientalistas temen que el agua pueda contaminarse o se elimine su ciclo natural. 

La euforia inicial en torno a los planes de hidrógeno verde ha dado paso a una especie de desilusión. «Hidrógeno verde: la industria estratégica para el futuro de Chile enfrenta dudas globales sobre su viabilidad”, tituló hace unos días un artículo el portal chileno Emol. Los elevados costos de inversión provocan incertidumbre. 

Alex Godoy, director del Centro de Investigación en Sostenibilidad y Gestión Estratégica (CiSGER) de la Universidad del Desarrollo en Chile, aboga por más realismo y pasos pequeños, manejables y planificables: «La hoja de ruta debe fijar metas a corto plazo y que permitan que los proyectos de inversión sean rentables, pero también sostenibles con el medio ambiente”. 

Sin embargo, en el país más grande de América Latina, los planes sobre el hidrógeno son demasiado eufóricos. Los medios brasileños escribieron que podría surgir una especie de nuevo centro de poder mundial en el noreste, hasta ahora estructuralmente débil. 

No existe casi ninguna región en el mundo, donde se pueda generar electricidad tan barata y, por tanto, hidrógeno a partir de fuentes renovables. Algunos estados brasileños, como Ceará y Pernambuco, ya han firmado contratos con inversores extranjeros. 

«Desafortunadamente, los inversores alemanes no se encuentran entre ellos», afirma Ansgar Pinkowski en entrevista con Deutsche Welle. El fundador de la Agencia New Ways, en Brasil, especializado en asesorar y mediar en cuestiones de transición energética entre Brasil y Europa, opina:  

«Con las leyes, aprobadas recientemente sobre el hidrógeno sostenible, los riesgos para los inversores se han vuelto significativamente menores y más calculables”.  

Y afirma: «Veremos un crecimiento económico muy fuerte en la región en los próximos años. Esperemos que se beneficien todos los sectores de la población». 

Con información de DW 

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reddmemp

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