¡Ya es Halloween! Cuando pensamos en terror, imaginamos monstruos, criaturas misteriosas y escenarios aterradores, pero casi nunca pensamos en personas de traje, “inversionistas” y poderosos que por dinero son capaces de vender la vida y el bienestar de comunidades y ecosistemas. La realidad nos demuestra que los verdaderos monstruos no viven en películas o historias de miedo, sino que están entre nosotros.
Por ejemplo, la Selva Maya, uno de los territorios con mayor riqueza natural y biodiversidad de nuestro país, enfrenta amenazas cada vez más preocupantes: Industrias y megaproyectos están transformando sus paisajes, fragmentando sus ecosistemas y poniendo en riesgo el equilibrio natural del que dependen numerosas especies y comunidades locales. La búsqueda de beneficios económicos no debería estar por encima de la conservación de un patrimonio natural tan importante.
En distintas regiones de México, los ecosistemas se enfrentan a megaproyectos extractivistas que amenazan recursos esenciales como el agua, la tierra y el aire. La pérdida de biodiversidad, la contaminación y el deterioro ambiental se han convertido en una verdadera película de terror, que exige atención y responsabilidad colectiva.
Otro de los grandes monstruos que enfrentamos y nos hacen creer necesitamos es la industria de los combustibles fósiles. Pero los derrames de petróleo que han afectado las costas mexicanas son un recordatorio de las graves consecuencias de esta actividad: contaminación de ecosistemas marinos, especies en riesgo y comunidades costeras que enfrentan los impactos ambientales y económicos.
Además, la extracción, el transporte y la quema de petróleo contribuyen a la crisis climática y prolongan nuestra dependencia de fuentes de energía contaminantes.
Pensar en Chucky o en la peli de El Exorcista ya no da miedo, cuando el verdadero terror ya lo estamos viviendo al perder el acceso al agua, la naturaleza, el aire limpio y a una vida feliz y en armonía con la naturaleza. Lo que ahora si daría susto sería acostumbrarnos a esta devastación, permanecer indiferentes y permitir que nuestros ecosistemas sigan desapareciendo.
Porque los verdaderos monstruos no siempre aparecen en la oscuridad: a veces se esconden detrás de grandes proyectos, industrias contaminantes y promesas de desarrollo que dejan destrucción a su paso.
¡Que el verdadero terror no sea quedarnos de brazos cruzados!
Con información de Greenpeace México
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