Electrificación como cambio estructural
La propuesta de Alfredo Del Mazo Maza se distancia de soluciones parciales y reclama una estrategia que transforme el paisaje urbano.
En palabras del especialista, “Electrificar el transporte es mucho más que sustituir motores. El cambio se trata sobre replantear cómo se mueven las personas, y por ende cómo se diseñan las ciudades”.
Esa afirmación marca el eje de su diagnóstico: la electromovilidad debe incorporarse como política pública integral, no como una serie de compras de flota aisladas.
Contexto y urgencia de la transformación
Los datos que citan los responsables de política pública subrayan la magnitud del desafío. Según la Estadística de Transporte Urbano de Pasajeros del INEGI, los sistemas de transporte público en México movilizan cientos de millones de pasajeros cada mes, y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales reporta que el sector transporte genera cerca del 25% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero.
Para Alfredo Del Mazo Maza, estos números no son abstractos: son el escenario que obliga a repensar prioridades de inversión y regulaciones.
Beneficios comprobados y condiciones necesarias
La evidencia internacional apunta a reducciones fuertes de contaminación con la adopción masiva de transporte público eléctrico: estimaciones sectoriales indican que podría disminuir hasta en 70% las emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas hacia 2040, además de reducir el ruido urbano.
Sin embargo, el experto advierte que los beneficios requieren condiciones prácticas: infraestructura de recarga, integración tarifaria, capacitación técnica y coordinación interinstitucional para garantizar operación y mantenimiento sostenibles.
Lecciones desde México y escala operativa
El país ya muestra ejemplos relevantes: el Metro de la Ciudad de México y el tren eléctrico de Guadalajara ilustran que la inversión en sistemas eléctricos puede mejorar tiempos de traslado y la percepción del servicio.
En este sentido, Alfredo Del Mazo Maza resume el propósito: “cuando el transporte público es eficiente y confiable, se convierte en la mejor alternativa frente al automóvil particular.”
El reto es replicar esos modelos a escala, con atención a conectividad intermodal y estándares de operación que preserven la sostenibilidad financiera.
Dimensión económica y marco de políticas
Más allá de la calidad del aire, la transición tiene efectos económicos significativos. La Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones estima que la transición hacia unidades eléctricas podría generar hasta 300 mil empleos directos e indirectos en la próxima década, impulsando cadenas productivas locales.
Para Alfredo Del Mazo Maza, integrar esta dimensión productiva en el diseño de políticas públicas es imprescindible para construir consensos y diseñar estímulos que favorezcan la adopción.
La ruta propuesta se trata de mantener el modelo actual profundiza la contaminación, la saturación vial y los costos operativos; avanzar hacia la electromovilidad ofrece la posibilidad de ciudades más limpias, eficientes y competitivas. La pregunta, sostiene el especialista, es de tiempo: ¿cuánto más puede esperar México para trazar una ruta clara hacia la movilidad urbana eléctrica?
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