Efecto ‘isla de calor’ amenaza ya a las grandes urbes españolas… y a tu salud

Efecto ‘isla de calor’ amenaza ya a las grandes urbes españolas… y a tu salud
Efecto ‘isla de calor’ amenaza ya a las grandes urbes españolas… y a tu salud

El calor en una ciudad no se reparte igual. Basta cruzar de una calle sin sombra a un parque para notar cómo cambia el aire, el suelo y hasta la forma de caminar. En Madrid, ese salto tiene ya una cifra que impresiona, hasta 8,5 ºC de diferencia entre las zonas más urbanizadas y los entornos con más vegetación, según Urban Heat Snapshot de Arup. 

El aviso no se queda en una anécdota madrileña. La isla de calor urbano enseña que el asfalto, el hormigón, el tráfico y la falta de árboles pueden convertir los barrios en hornos, sobre todo por la noche. La salida pasa por más sombra, más agua, suelos permeables y edificios pensados para el clima real que viene, no para el de hace 30 años. 

El efecto isla de calor urbano aparece cuando una ciudad se calienta más que su entorno cercano. Los materiales duros absorben radiación solar durante el día y la devuelven lentamente cuando cae la noche. Por eso a veces el termómetro baja poco, se duerme peor y el aire parece quedarse atrapado entre fachadas. 

A ese calor acumulado se suman los coches, los aparatos de climatización y la falta de suelo vivo. Arup explica que su herramienta UHeat usa imágenes por satélite y datos climáticos para localizar edificios, materiales y estructuras que están empujando las temperaturas al alza. Dicho de forma sencilla, permite ver qué calles necesitan actuar primero. 

La fotografía de Arup analizó el calor en los centros urbanos de nueve ciudades, entre ellas Madrid, Londres, Bombay, Nueva York y Singapur. El resultado dejó a Madrid como el caso más severo, con una isla de calor de 8,5 ºC sobre sus alrededores rurales. Además, los puntos más calientes tenían menos de un 6% de cubierta vegetal, mientras que los más frescos superaban el 70%. 

En barrios como Malasaña, la diferencia frente a espacios como la Casa de Campo llegó a esos 8,5 ºC, con una vegetación que en este gran pulmón verde alcanzaba el 72%. Susana Saiz, directora de Diseño Integral para Europa de Arup, resume el problema con una frase clara, las ciudades españolas «son especialmente vulnerables». Y eso se nota. 

El dato más incómodo no está solo en el mapa térmico, sino en quién vive dentro de esas zonas. En el área estudiada de Madrid, Arup localizó a unas 500.000 personas mayores y menores expuestas a picos nocturnos de isla de calor de 7 ºC o más.  

La información trasladada por Saiz afina esa cifra en más de 313.000 personas mayores y 178.000 menores en áreas especialmente expuestas al calor extremo. 

No conviene tratar esto como una simple incomodidad de verano. Un estudio de ISGlobal publicado en Nature Medicine estimó 62.775 muertes relacionadas con el calor en Europa durante el verano de 2024, y situó a España como el segundo país con más fallecimientos estimados, con más de 6.700. No es poca cosa. 

La solución más rápida no siempre es construir más, sino dejar respirar a la ciudad. Árboles, agua, suelos permeables, corredores verdes y cubiertas vegetales reducen la temperatura, generan sombra y mejoran la calidad del aire. En el fondo, lo que se pide es mirar la naturaleza como una infraestructura básica, igual que una red de transporte o una tubería. 

Un estudio liderado por ISGlobal y publicado en The Lancet calculó que elevar la cobertura arbórea al 30% en 93 ciudades europeas podría haber evitado 2.644 muertes prematuras asociadas al calor urbano. El matiz importa. No basta con plantar donde sobra espacio, también hay que repartir esa sombra en los barrios que más la necesitan. 

El asfalto y el hormigón no solo ocupan espacio, también guardan calor. Por eso Arup recomienda aumentar las superficies permeables, como suelos plantados o materiales que permitan infiltrar el agua, frente a pavimentos duros que se recalientan. Cuando el agua entra en el suelo, el entorno se refresca de una forma mucho más natural. 

Los edificios también tienen trabajo pendiente. Cubiertas claras o reflectantes, fachadas verdes, ventilación bien pensada y rehabilitación bioclimática pueden reducir la necesidad de aire acondicionado. Y en una ciudad donde cada verano pesa más en la factura de la luz, ese detalle deja de ser pequeño. 

Adaptarse al calor urbano también exige cambiar hábitos. Evitar las horas centrales del día, crear refugios climáticos, recuperar fuentes de agua potable y repensar horarios laborales o comerciales son medidas que ya forman parte del debate. Puede sonar incómodo, pero muchas ciudades cálidas llevan décadas viviendo así. 

La clave está en no esperar a que llegue la ola de calor para improvisar. Un colegio, una residencia de mayores, una parada de autobús sin sombra o una plaza dura pueden convertirse en puntos críticos. Ahí es donde la planificación se vuelve salud pública. 

La tecnología puede ayudar, pero no sustituye a la política urbana. Mapear el calor calle a calle permite decidir dónde plantar, dónde cambiar pavimentos, dónde abrir un refugio climático y dónde rehabilitar viviendas con más urgencia. Si además se cruzan esos mapas con edad, renta y calidad de la vivienda, la respuesta puede ser mucho más justa. 

El comunicado oficial de Arup sobre Urban Heat Snapshot ha sido publicado en Arup. 

Con información de Econoticias.com 

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