Sobre el Ártico comienza a perfilarse una situación meteorológica inusual. El vórtice polar podría experimentar a principios de noviembre su mayor debilitamiento para esta época del año desde que comenzaron los registros en 1958. Al mismo tiempo, en el Pacífico se está desarrollando un episodio de El Niño excepcionalmente intenso.
El vórtice polar es un sistema de vientos a gran escala situado entre 15 y 50 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre. En condiciones normales, los fuertes vientos del oeste mantienen las masas de aire más frías concentradas sobre el Ártico.
Sin embargo, las previsiones de los modelos meteorológicos europeos y estadounidenses apuntan a un debilitamiento considerable. A unos 30 kilómetros de altura, las temperaturas podrían superar en más de 27°C la media habitual. En el escenario más extremo, los vientos del oeste podrían incluso invertir su dirección.
Cuando se produce una división del vórtice polar, conocida como ‘split’, el sistema de vientos se fragmenta en dos partes. De media, este fenómeno se registra unas seis veces por década, aunque suele producirse en enero o febrero.
Esto no significa que Alemania vaya a experimentar una ola de frío inmediata. Los posibles efectos sobre las condiciones meteorológicas en superficie suelen manifestarse entre dos y seis semanas después. Además, el vórtice polar podría recuperar su estabilidad tras esta perturbación temprana.
En el Pacífico también se está desarrollando una situación extraordinaria. En octubre, la temperatura del agua en la principal zona de referencia ya superaba en 3,3°C la media habitual. Según las proyecciones de los modelos, esta anomalía térmica podría alcanzar los 3,8°C en diciembre.
De confirmarse estas previsiones, el actual episodio de El Niño superaría ampliamente el récord anterior, registrado en 2015 y 2016. Sin embargo, resulta difícil anticipar cómo podría afectar a Europa la combinación de este calentamiento excepcional y la perturbación del vórtice polar.
Los modelos meteorológicos a largo plazo tienen importantes limitaciones en este tipo de situaciones. Un calentamiento súbito de la estratosfera solo suele poder predecirse con fiabilidad unos diez días antes de que ocurra. Además, no existen precedentes históricos directamente comparables para una combinación de fenómenos de estas características.
Por el momento, las previsiones a largo plazo no apuntan a una llegada temprana del invierno. Los modelos meteorológicos europeos y estadounidenses prevén temperaturas superiores a la media durante noviembre. Algunas proyecciones del modelo estadounidense contemplan anomalías de entre 2°C y 3°C respecto a los valores habituales.
Las próximas semanas serán decisivas para determinar cómo evoluciona la situación. Primero habrá que comprobar si el vórtice polar consigue recuperarse. Mientras tanto, se espera que El Niño alcance su máxima intensidad en diciembre. Por ahora, el escenario más probable es el de un invierno relativamente suave en conjunto. No obstante, Alemania podría experimentar episodios prolongados de frío y nevadas.
La posibilidad de una irrupción de aire frío podrá evaluarse con mayor precisión durante las próximas semanas. De momento, todavía es demasiado pronto para saber si habrá una Navidad blanca.
Con información de Euronews
Foto AP/Markus Schreiber
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