Los prebióticos son sustancias nutracéuticas que el organismo humano no puede digerir y que, en lugar de llegar al torrente sanguíneo como nutrientes, actúan en el intestino grueso y sirven para que bacterias benéficas (por ejemplo, de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium) se nutran de ellas, proliferen en el colon y regulen y promuevan una microbiota intestinal equilibrada, óptima para nuestra salud digestiva.
Se encuentran de manera natural en alimentos como cebollas, alcachofas, lentejas, avena, ajos, cebada, trigo, frijoles, espárragos, garbanzos, plátanos y manzanas, cacao y leche materna…, pero particularmente en muchos alimentos fermentados.
“Casi todos los prebióticos son oligosacáridos o azúcares complejos que los humanos no podemos asimilar. Pueden surgir de moléculas complejas como la inulina, la segunda fuente más importante de energía de las plantas, después del almidón. Ahora bien, la inulina es una molécula (polisacárido) muy grande que se debe cortar en fracciones pequeñas, llamadas fructooligosacáridos, para que éstos puedan ser asimilados con facilidad por la microbiota intestinal. Hoy en día se ha reconocido la importancia en la dieta tanto de la inulina (fibra soluble) como de los fructooligosacáridos de inulina (prebióticos), y con ellos se han recuperado muchas de las propiedades nutricionales perdidas con la alimentación industrializada”, dijo Agustín López Munguía, investigador del Departamento de Ingeniería Celular y Biocatálisis del Instituto de Biotecnología (IBt), campus Morelos, de la UNAM.
Levana
Hay otro polisacárido constituido por fructosa arreglada químicamente de forma diferente a la inulina, que recibe el nombre de levana. Desde hace años, López Munguía y sus colaboradores trabajan con él y han identificado que alimentos fermentados como el pulque y el natto lo contienen en abundancia.
Con ese antecedente, los investigadores universitarios se preguntaban por qué no había fructooligosacáridos de levana, y se dieron a la tarea de buscar una enzima que, como sucede con la inulina, pudiera sintetizar ese polisacárido y otra que lo hidrolizara.
“Fue así como fusionamos el gen que da lugar a una enzima bacteriana la cual sintetiza la levana a partir de la sacarosa o azúcar de caña con el gen que da lugar a otra enzima capaz de cortar la levana sintetizada en moléculas pequeñas. El nuevo gen generó una enzima quimérica que sintetiza la levana y, a la vez, la corta en fructooligosacáridos, con el fin de producir un nuevo tipo de prebióticos que son fácilmente asimilables por la microbiota intestinal”.
Patente
De acuerdo con el científico universitario, hasta el momento no se ha reportado en la literatura científica ningún proceso enzimático cuyo objetivo sea producir eficientemente fructooligosacáridos de levana.
“Es importante especificar que son fructooligosacáridos de levana, porque los de inulina existen en el mercado desde hace tiempo; además, los fructooligosacáridos de levana se caracterizan por ‘imitar’ varios compuestos de muchos alimentos fermentados que no necesariamente están disponibles para todos los consumidores. El objetivo es diversificar la fuente de prebióticos para diversificar la microbiota intestinal”, agregó.
Este desarrollo biotecnológico ya cuenta con una patente en México que protege la nueva enzima quimérica, el gen que la codifica y el sistema que permite reproducirla en microorganismos por medio de fermentación.
“Sería muy positivo, desde múltiples puntos de vista, que una empresa se interesara en aprovechar este desarrollo biotecnológico para enriquecer, con los fructooligosacáridos de levana, un nuevo tipo de prebióticos, alimentos como panes, leches, licuados, etcétera”, finalizó Agustín López Munguía.
Con información de Gaceta de la UNAM
TE RECOMENDAMOS LEER: monitorean-espacio-del-aguila-real-en-canon-de-chihuahua














