En EE.UU. convierten polietileno en gasolina y diésel usando aluminio, reduciendo energía y residuos
El problema del plástico sigue siendo una preocupación global, con más de 400 millones de toneladas producidas anualmente y una gran parte convirtiéndose rápidamente en residuos. La economía circular del plástico aún parece un sueño lejano debido a las bajas tasas de reciclaje y al predominio de vertederos e incineración.
Un equipo del Departamento de Energía de Estados Unidos en el Oak Ridge National Laboratory (ORNL) ha desarrollado un método innovador para convertir polietileno, el plástico comúnmente utilizado en bolsas y envases, en combustibles líquidos como la gasolina y el diésel.
Este proceso utiliza sales fundidas con cloruro de aluminio y opera a temperaturas inferiores a 200 ºC, contrastando con los 450 a 500 ºC necesarios en la pirólisis convencional. Esto no solo reduce el consumo de energía, sino que también permite un mayor control sobre los productos finales.
En un artículo publicado por el Journal of the American Chemical Society, el equipo del ORNL ha solicitado una patente por su método. Liqi Qiu, uno de los investigadores, destacó la eficiencia del proceso que convierte selectivamente el polietileno en gasolina.
La técnica prescinde de catalizadores de metales nobles, disolventes orgánicos e hidrógeno externo, un enfoque descrito por Zhenzhen Yang como una ventaja significativa. Los científicos siguieron el proceso usando técnicas avanzadas para entender cómo las cadenas de polímeros se dividen en fracciones similares a la gasolina y al diésel.
El rendimiento del método es notable, alcanzando un 60% en fracciones de tipo gasolina bajo condiciones suaves. La conversión produce una mezcla de alcanos ramificados en el rango C6 a C12, ajustándose a las necesidades del mercado actual.
Sin embargo, aunque el proceso promete reducir la dependencia del petróleo, quemar estos combustibles de plástico sigue liberando CO2 en la atmósfera. La EPA indica que un galón de gasolina emite 8.887 gramos de CO2, mientras que un galón de diésel produce 10.180 gramos.
El beneficio ambiental podría residir en disminuir la demanda de petróleo y gestionar mejor los residuos plásticos que de otro modo terminarían en vertederos o incineración. Aún así, un análisis completo de ciclo de vida es esencial para comprender el impacto total.
Además, el proceso enfrenta desafíos prácticos, como la absorción de agua por las sales de aluminio, lo que podría complicar su escalado industrial. También, el manejo de residuos mixtos puede afectar la eficiencia del proceso.
En resumen, aunque este avance no significa que pronto usaremos bolsas de plástico como combustible, demuestra que es posible convertir algunos tipos de plásticos difíciles en productos útiles con menos energía de lo esperado. Sin embargo, para un futuro sostenible, reducir, reutilizar y reciclar mecánicamente seguirá siendo esencial.
Con información de Noticias Ambientales
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