California, Arizona y Nevada deberán reducir de manera drástica su consumo de agua del río Colorado durante la próxima década, según una propuesta presentada por el Gobierno de Donald Trump para enfrentar la creciente escasez de agua en el oeste de Estados Unidos.
La Oficina de Reclamación, dependiente del Departamento del Interior, presentó el plan para la gestión de los embalses de Glen Canyon y Hoover, que forman los lagos Powell y Mead. Ambos se encuentran en niveles históricamente bajos tras décadas de sequía y una menor disponibilidad de agua.
La propuesta contempla recortes de hasta 3 mil 700 millones de metros cúbicos anuales para los tres estados ubicados aguas abajo. La cifra equivale a cerca del 40 por ciento de sus asignaciones conjuntas y afectaría especialmente al sector agrícola, uno de los principales usuarios del recurso.
El sistema del río Colorado abastece a más de 40 millones de personas y proporciona agua y electricidad a comunidades e industrias del oeste estadounidense. Sin embargo, desde 2000, el consumo ha superado en la mayoría de los años el volumen de agua que ingresa al sistema.
La situación se ha agravado por una sequía que se extiende desde hace aproximadamente 25 años y por los efectos del cambio climático sobre las precipitaciones y la disponibilidad hídrica.
El pasado 12 de julio, el lago Mead se encontraba al 27 por ciento de su capacidad, mientras que el lago Powell estaba al 24 por ciento, de acuerdo con datos de la Oficina de Reclamación. En el caso de Powell, el volumen almacenado no había sido tan bajo desde antes de que comenzara el llenado de la presa de Glen Canyon, en 1963.
Los siete estados de la cuenca —California, Arizona, Colorado, Nevada, Nuevo México, Utah y Wyoming—, junto con comunidades indígenas, llevan años negociando cómo distribuir los recortes y evitar que los embalses alcancen niveles críticos.
El secretario del Interior, Doug Burgum, aseguró que la propuesta busca mantener un sistema del río Colorado «confiable y resiliente», al tiempo que ofrece flexibilidad para responder a las condiciones hidrológicas y permite continuar las negociaciones entre los estados.
Sin embargo, el plan todavía representa un desafío político debido a la disputa entre los distintos usuarios de la cuenca. Las autoridades estadounidenses sostienen que la persistencia de la sequía dificulta establecer nuevas reglas para administrar el recurso.
La propuesta de la Casa Blanca no contempla el agua que el río Colorado proporciona a México. La distribución correspondiente al país continúa negociándose directamente entre el Gobierno mexicano y el Ejecutivo estadounidense.
La decisión marcará el futuro de uno de los sistemas hídricos más importantes de Norteamérica y obligará a replantear el uso del agua en una región cada vez más afectada por la escasez.
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