¿Recuerdas que hace exactamente un año escalamos la Estela de Luz para exigir a la Semarnat la protección de la Selva Maya? Nuestra acción se llevó a cabo por un grupo de activistas que escalaron 70 metros de altura del icónico edificio para pedir a las autoridades que escuchen el llamado de auxilio de la selva.
La Selva Maya es el pulmón más importante de México, y el segundo más grande la región, hoy está bajo la presión de la industria inmobiliaria, de la hotelera, de la infraestructura ferroviaria y otras que solo ven en ella la posibilidad de extraer recursos en beneficio propio, y esto, está sucediendo ante los ojos y con el permiso de la autoridad encargada de protegerla.
En 2024 reportamos que el gobierno mexicano reconoció los impactos ambientales causados por la construcción del Tramo 5 del Tren Maya, deforestando más de 10 millones de árboles e impactos irreversibles para especies en peligro de extinción, incluyendo la incrustación de 15 mil pilares de gran escala en el suelo kárstico de la zona, lo cual está ocasionando contaminación al acuífero del que dependen especies animales y poblaciones de la península.
Aunado a ello, la selva también es blanco para la minería a cielo abierto. Ahí las sascaberas, enormes excavaciones, se utilizan para extraer sascab, un material pétreo proveniente de la piedra caliza que forma el suelo de la península de Yucatán. Ese material es tierra blanda, porosa y altamente valorada por la industria de la construcción, la cual ha deforestado cerca de 10 mil hectáreas de selva, impulsadas por el crecimiento inmobiliario, el turismo masivo y otros megaproyectos.
El llamado de Greenpeace sigue vigente
Lejos de proteger el patrimonio biológico de la Selva Maya, la Semarnat se ha convertido en aval ambiental de la devastación. Y esto es apenas el andamiaje inicial para favorecer el asentamiento de nuevas industrias en la región con sus respectivos impactos y deforestación acumulada.
Esta expansión no solo amenaza a la biodiversidad, también pone en riesgo a las comunidades locales, mayas y campesinas, cuyo territorio está siendo transformado sin procesos adecuados de consulta ni respeto a sus derechos colectivos.
En septiembre de 2025, a raíz de nuestra acción en la Estela de Luz, fuimos recibidos por la Semarnat, y acordamos el establecimiento de mesas de trabajo multisectoriales, multidisciplinarias, interinstitucionales y con la participación de las comunidades afectadas, para la elaboración de un plan de protección a la península de Yucatán.
Desde aquel momento dejamos en claro que la protección a la Selva Maya debía ir más allá de una óptica mercantil o extractivista. y centrarse en su valor ambiental y cultural.
Semarnat ¿ha cumplido?, la respuesta es clara: no. Las acciones tangibles de protección al ecosistema no se efectuaron, y como muestra un botón: basta recordar lo que pasó en abril de este año con el megaproyecto turístico de Perfect Day en Mahahual, donde una vez más, los intereses particulares de extractivismo y expansión estuvieron a punto de hacerse realidad (con aval de las máximas autoridades ambientales del país), y así dañar permanente sistemas acuíferos cavernosos, cenotes, manglares, fauna endémica, y sobre todo, un impacto directo a las formas de vida y recursos vitales de una comunidad: Mahahual.
Ese proyecto pudo detenerse gracias a la presión de la gente porque en realidad, no existe ese plan integral de protección para la Selva Maya que demandamos.
Ya ha pasado un año desde que miles de personas se enteraron de la urgencia de proteger la Selva Maya, pero la devastación continúa y crece. El diálogo debe traducirse en acción y en lograr este acuerdo regional de protección de este ecosistema, co-creado y escuchando la diversidad de voces que aportan a una visión de la región que contemple su valor ecológico, ambiental, cultural y social.
Exigimos:
-Que se garantice la protección a largo plazo de la Selva Maya.
-Que los gobiernos estatales y federal escuchen a las comunidades.
-Que se abran espacios de diálogo entre organizaciones, expertos y pueblos originarios.
Con información de Greenpeace México
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